Capitulo 3 (1ª parte)

Capítulo tres

Sonó el despertador. Lo apagué de un manotazo y me quedé frita.

Cuando volví a abrir los ojos apenas me quedaban diez minutos para tener que ir al instituto. Me levanté corriendo, me hice una coleta y me puse el primer vestido que encontré en el armario. Mi mente trabajaba a toda máquina para no perder ni un minuto y un vestido era más rápido que mi habitual camiseta y pantalón.

Desayuné un vaso de leche y corrí hacía el coche que se suponía que debía estar esperándome en la acera.

Que se suponía.

Judy no estaba allí.

Eso me recordó que hoy vendría Alex al instituto y debería estar guapa. Pero no lo estaba. Miré mi reloj de pulsera y comprobé que no tenía tiempo ni para respirar. Gimoteé y me llevé las manos a la cabeza. De nuevo empezaba con el pie izquierdo y ayer eso me llevó a cometer un grave error. Y ese error venía en moto y a cien por hora.

Alex frenó dejando una marca en el asfalto. Se quitó el casco y me sonrió. Sí, no había duda de por qué había aceptado, yo le seguía gustando.

-Vamos, nena, sube.

En otras circunstancias me habría clavado un cuchillo en un brazo antes que montar en su moto, pero iba a llegar tarde. Y también estaba ese asuntillo de los celos.

Me pasó el casco y monté. No me había acabado de sentar y él ya estaba pisando el acelerador. Me agarré bien a él y recé para que el vestido no se me subiera.

Entonces divisé el aparcamiento del instituto y me relajé. Ya no iba a morir, menos mal. Volvió a frenar en seco y me bajé. Me quité el casco con sumo cuidado y comprobé que había perdido el coletero, y con el mi coleta. Suspiré y miré a Alex.

-¿Qué? ¿Te ha gustado?

Típico de él. Sus majaderías de macarra eran una de las razones por las que no salí nunca con Alex.

-Esto…Yo me voy ya a clase, que está a punto de sonar la campana.

-Bien. Luego nos vemos. – Me guiñó un ojo y se fue mascando chicle.

Pero una de las cosas que me gustaban de él era que no hablaba mucho.

Entré en el insti con el pelo un poco revuelto. Tampoco estaba tan mal, el vestido era moderno, y al no tener tiempo no me había puesto leggins, lo que le daba un puntito cañero. Abrí la puerta de clase y comprobé con alivio que la profesora no había llegado todavía. A primera hora siempre nos tocaba con la señorita Evans y era un horror. Podía afirmar con total seguridad que ya habría corregido los exámenes de ayer. No me dio tiempo a pensar nada más ya que en cuanto me senté en mi silla, Judy – detrás de mí – empezó con su habitual charla.

-Hola, siento no haber ido a recogerte hoy pero Kyle me ha traído en su coche. No sé que marca es ni nada pero a juzgar por el glamur apostaría por un Volvo. Supongo que tampoco importa porque Kate me dijo que Alex te vendría a buscar y ¡oh Dios mío! Que sexy que estas. ¿Seguro que no te gusta Alex? Ya sé que no va contigo ese rollito de chico malo que tiene pero siendo hermano de Kate no creo que sea muy malo. Ya sé que no lo conozco y eso, pero, ¿qué más te da una cita con el hermanito de Kate?

-Judy, he venido así por Henry.

-¿A, sí? Y eso de que te traiga un chico malo no significa nada, ¿no?

-Todo el rollo de Alex es para poner celoso a Henry. Se le ocurrió el plan a Kate. Ya sé que soy tonta por haber aceptado.

-Ya lo sé. Me lo contó todo Kate, pero, por favor, le vas a hacer ascos a…

Se calló instantáneamente. La profesora Evans acababa de entrar y de un humor de perros. Me escondí en la silla y cerré los ojos. Las notas del fin del mundo estaban aquí.

 

 

Observé cómo Judy abría su taquilla y metía los libros y cuadernos dentro. Era la hora del almuerzo. Cerró la taquilla de un portazo y me sonrió.

-¿No te mueres de ganas de ver a Kate con sus croquetas? – Se rió y suspiró.

-Bueno, ¿y qué tal con Kyle ayer? Confiesa, fierecilla. – Le hice cosquillas y le apunté con el boli aún en la mano.

-Fuimos a dar una vuelta con el coche. Y la verdad es que no nos bajamos de él. – Soltó una risita de suficiencia. Sabía lo que quería decir eso. – Nos estuvimos besando toda la tarde. Dios, Luna, besa genial.

-Me alegro por ti – le dije, aunque me invadió una amargura tan grande como una montaña.

-Oh, Luna, lo siento.

Fantástico, ahora mi mejor amiga sentía pena por mí. Eso ya era demasiado. Me apoyé en la pared. No quería la compasión de nadie, y menos cuando tenía un plan para poner celoso a la razón de mi tristeza. Suspiré. ¿Por qué estaba haciendo eso? El amor no es un juego donde se tiene que apostar a todo o nada, aunque todo el mundo piense eso. El amor tiene que surgir por sí solo, no tiene que ser forzado. El amor es mirar a alguien a los ojos y saber que no te importaría quedarte allí para siempre, junto a él. Respirando el mismo aire, a su lado. Pero la realidad me tuvo que despertar de esas reflexiones. El careto de mi hermano sonriendo como un estúpido me puso furiosa. Me acerqué a él por detrás y le arreé una colleja lo más fuerte que pude.

-¡Eh! – Me gritó frotándose la nuca.

-Venganza – le contesté con un encogimiento de hombros.

Ya estaba yendo hacia el comedor cuando Colin corrió y me agarró por la muñeca.

-Espera. –Me giré y lo miré fijamente. – Te he visto llegar al instituto con un chico. ¿Qué pasa con Henry? ¿Es que ya no te importa?

Me quedé con la boca abierta. Nunca habíamos hablado nunca de Henry de esa manera. A decir verdad hasta ayer mismo ni siquiera sospechaba que él lo sabía.

-Pues claro que me importa. – Le espeté. Tenía la boca seca y su mano en mi muñeca me empezaba a quemar. – ¿A qué viene todo esto? Es mi amigo y el tuyo, claro que me importa.

Soltó una carcajada y me soltó.

-Sois idénticos. Ninguno de los dos admitís vuestros sentimientos. Pero a mí que mas me da. Vosotros sois los que sufrís en vez de estar morreándoos por las esquinas.

Hizo un gesto con la mano y se fue. Me quedé petrificada en el pasillo. Mi hermano me había imaginado morreándome con su mejor amigo. Y se alegraría por mí si eso sucediera. Me entró un tic nervioso en el ojo y fui andando lentamente por el pasillo hasta el comedor. Me senté junto a Kate y Judy con la mirada perdida. Las dos me observaron en silencio. Era obvio que sabían que me pasaba algo.

-Colin me ha dicho que le gustaría que Henry y yo nos morreáramos por los pasillos en vez de esconder nuestros sentimientos.

Se quedaron con la boca abierta. A Kate incluso se le cayó un trozo masticado de croqueta de la boca.

-¿Qué ha qué? – Chillaron las dos. Lo hicieron tan fuerte que toda la sala se nos quedó mirando unos segundos.

-Y hasta se ha preocupado por Alex. Me ha preguntado si ya no me importaba Henry.

Las tres nos quedamos con unos ojos como platos. No proferimos sonido alguno durante un buen rato. Y Kate no comió ninguna proteína, eso era un síntoma de la sorpresa que nos rodeaba a todas. Pero todavía nos quedamos más sorprendidas cuando vimos pasar a Henry por nuestro lado. No nos dijo nada. Ni nos saludó. Entonces contemplamos como una chica rubia se le acercaba y le pasaba un brazo por la cintura. Contuve el aliento, no me apetecía ver la cara de tristeza de la chica cuando él la rechazara. Contuve el aliento para nada. Se alejaron juntitos y abrazados. Y con ellos se alejaron todos mis sentimientos. No pude sentir nada. Pero pude notar las miradas de todos clavadas en mí. Salvo la de Henry. Yo ya no existía para él. Bueno, sí que existía, pero como amiga. Como lo que siempre quise evitar. Y ahora mi cobardía me estaba perforando lentamente por dentro.

-Vaya, pues sí que ha sido rápido Colin diciéndole a Henry que la había visto con otro – se dijo Judy a sí misma.

Noté los ojos húmedos pero no me dio tiempo ni a pensar que no podía llorar en público porque oí a Colin correr hacia nuestra mesa. Se sentó a mi lado y me miró con cara de pánico.

-Yo no le he dicho nada. Luna por favor perdóname. Yo… – me tocó una mano y esperó a que yo le gritara, a que rompiera algo. Pero nada de eso ocurrió. Me sentía demasiado mal como para moverme.

-¿Pero por qué…? – Susurré y la voz se me quebró. Las lagrimas estaban ya resbalándome por las mejillas. Era consciente de que la gente que pasaba se me quedaba mirando. Estaría penosa, con el plasta de mi hermano pegado a mí y las lagrimas en los ojos.

-No se os ha perdido nada aquí, así que largo – le gruñía Kate a todo el que pasaba.

Agarré la mano de Colin con toda mi alma y contuve un sollozo. Me sequé las lagrimas con los dorsos de las manos y sonreí.

-Está jugando duro, ¿eh? Habrá que ejecutar bien el plan de los celos. – Kate y Colin se me quedaron mirando sorprendidos por lo rápido que me había recuperado. Sin embargo Judy no me miraba. Sabía que todo esto era una máscara. – No va a ser él el único que juegue bien sus cartas. Así que ya me estáis ayudando con lo de Alex. – Sonreí una vez más y cogí mi bandolera. Le di un último apretón a la mano de Colin y me fui directa al baño. Me alegré de no haberme maquillado, aunque seguía teniendo el aspecto de un zombi. Cuando salí del baño Judy me estaba esperando. Me abrazó y fuimos juntas a clase.

Durante todo el día nos dedicamos a hablar sobre temas superficiales como el examen suspendido de sintaxis o la ropa que se iba a comprar el fin de semana. Pero las clases llegaron a su fin y fuimos al aparcamiento. Judy me volvió a abrazar y se despidió ya que Kyle la llevaba a su casa. Me dirigí hacia donde estaba Kate.

-Oye, yo…siento mucho todo este lío de Alex y todo. Sé que soy una tonta y… – Kate parecía realmente preocupada.

-No importa, quiero seguir con el plan.

Kate me dedicó una sonrisa y una mirada de confianza.

-Vas a perder el autobús si no te vas ahora mismo – le avisé señalando el gran autobús amarillo.

-Entonces te llamo luego, ¿vale? – gritó alejándose corriendo y haciéndome señas con las manos.

Me quedé sola en medio del aparcamiento. Me crucé de brazos y fruncí el ceño. No más compasión. Alex llegó unos minutos más tarde y sin casco.

-¿Preparada para irnos? – Dijo mientras sonreía como un idiota.

-Sí… – contesté sin fuerzas. Alex se bajó de la moto y se acercó a mí.

-¿Qué pasa? – Me susurró mientras me acariciaba cuidadosamente una mejilla.

Me tragué mis lagrimas y le miré a los ojos.

-Nada, seguimos con el plan.

-Y, ¿cuál es el plan? – Me miró de reojo y arrugó la frente. – ¿Quieres que se ponga realmente celoso? – Me agarró la barbilla y se acercó un poco más a mí.

Sé que fui una estúpida. Una imbécil. Pero estaba destrozada y los labios de Alex eran tan cálidos…y él se había interesado por si me pasaba algo…Cuando nos separamos no me importó si Henry lo había visto o no. Me sentía un poquito mejor y los dos subimos a la moto al mismo tiempo. Llegué a casa y nos despedimos. Tras cruzar la puerta de la entrada me di de bruces con Colin.

-¿Qué crees que estás haciendo? – Me espetó.

-Entrar en casa – le respondí. La verdad es que no entendí su pregunta.

-No hablo de esto. ¿Es que ahora te gusta ese tío?

-¿Alex? Claro que no. Solo me lleva y me trae del instituto porque Judy está con su novio.

Soltó una carcajada sarcástica y me miró.

-No te lo crees ni tú. Te he visto besarte con él. ¿Ahora es tu novio?

Me dieron ganas de pegarle un puñetazo pero en realidad tenía ganas de pegarme a mi misma por ser tan estúpida.

-Mira, sé que ha sido duro ver como Henry y Samanta se abrazaban, pero besarte con ese tío ya es pasarse un poco, ¿no crees?

Mi hermano siendo más sensato que yo. Definitivamente hoy me había vuelto a levantar con el pie izquierdo. Estaba hecha polvo. Me deshice de la bandolera. Fui directa a la cocina y cogí una lata de Dr Pepper.

-Ya…ya sé que soy una estúpida, que no tengo fuerza de voluntad, que lo de Henry y esa rubia no es nada y que Alex se pensará cosas extrañas. Pero desde ayer todo me sale mal. Desde que acepté lo de poner celoso a Henry.

-¿Va enserio lo de poner celoso a Henry? – Colin y yo nos sentamos en el sofá. Era la primera vez que hablábamos así sobre algo.

-Sí… – Me froté la cabeza. – Me siento como si esta no fuera yo. Como si otra persona estuviera viviendo mi vida.

-Hermanita, sé que esto del amor es muy duro… – me miró con picardía y sonrió. – Espera, no, no lo sé. – Le di un manotazo y me abracé a su cuello. – Ya sé que nunca hemos estado muy unidos, pero quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti. Antes que los amigos está la familia, ¿no?

Por primera vez ese día me sentí realmente feliz.

-Pero no creo que lo de los celos vaya a funcionar. Y por Samanta tú no te preocupes, que seguro que se han ido juntos por lo del trabajo.

-¿Qué trabajo? – Chillé histérica. La felicidad se fue tan rápido como había venido.

-Nos han mandado un trabajo sobre la ciudad. Henry se ha puesto con Samanta porque ella no es de aquí, se mudó hace unos meses. Yo lo haré con Jerry, así que si lo ves aparecer por casa ya sabes el motivo.

-No, si no me importa que Jerry esté por aquí – tenía un nudo en la garganta. Henry y Colin siempre se ponían juntos en los trabajos. Me concentré en Jerry para no sufrir. Jerry era otro de los mejores amigos de mi hermano. Era realmente muy listo, y además bueno en los deportes. Judy y yo solíamos ir a verlo jugar al rugby, era el mejor de su equipo.

-Lo dicho, tú no te preocupes por… – El timbre sonó y los dos pegamos un respingo. Recé para que fuera Jerry, eso me ayudaría a olvidar un poquito mi pena. – Voy a abrir.

No era Jerry, pero era Lucy.

-Hola, plasta hermano de Luna. – Lucy siempre era igual con su hermano y el mío. Vino hacia mí y se sentó a mi lado. – ¿Qué? ¿Cómo va con mi hermano?

-Fatal – respondió Colin. Me extrañé de que todavía siguiera ahí. Normalmente desaparecía cuando Lucy estaba en casa.

-No te lo he preguntado a ti, idiota. – Nos escrutó con la mirada y preguntó – ¿Qué sabe él?

-Todo. – Le respondí. Esa era la verdad. Agradecí que Colin permaneciera a nuestro lado, ya que no me sentía con energía suficiente para contarle lo que había pasado. Él le contó todo a Lucy y ella escuchó con atención. Me sentí como si de lo estaban hablando no tuviera nada que ver conmigo. Y lo deseé.

-Tengo la solución. – Exclamó Lucy cuando mi hermano terminó de hablar. – Henry me ha dicho que tiene dos entradas para el musical Grease. Le he dicho que me lo pensaría aunque no pienso ir a ver un musical del año la tana. Puedes ir tú con él. Así podríais hablar un poco y arreglarlo todo pero la mayor parte del tiempo estaríais en silencio. ¿Qué me dices?

-Bueno…estaría bien.

-¡Sí! Perfecto. Ahora mismo llamo a Henry y… – sacó su teléfono móvil y se le iluminó la mirada cuando vio que su hermano le estaba llamando. – Parece que hemos pensado en lo mismo, ¿eh? – Descolgó y se pegó el teléfono a la oreja. – Hola hermano, ¿qué tal? Verás te quería hablar de las entradas…¿Tu también? Que coincidencia. Dime. – La mano de Lucy tembló un poco. Colgó y cerró los ojos. – No me ha dejado ni rechistar. Lo siento, Luna. Me ha dicho que lo siente pero que va a llevar a una chica y que yo puedo esperar.

-¿Samanta? – Susurré.

-Sí. – Me contestó. No supe que estaba llorando hasta que Colin se sentó a mi lado y me agarró la mano. Lucy murmuró algo de un examen y se fue. No le gustaban las escenas sentimentales porque nunca sabía qué hacer. Después de un rato me solté de Colin y le dije que prefería estar sola. Dijo que dentro de poco iban a llegar nuestros padres. Me di cuenta de que mamá no estaba en ese momento y le pregunté. Me dijo que se habían ido a celebrar no sé qué cumpleaños de un amigo. Se fue a su cuarto y yo me quedé sola en el salón. Al cabo de unos minutos sonó el teléfono. Era Kate. Como no contestaba Colin bajó por las escaleras. Soltó algo así como que creía que estaba muerta porque no contestaba, pero no me hizo gracia. Le pedí que le dijera a Kate que estaba comprando cosas para la cena aunque no era verdad. No volvió a sonar el teléfono en toda la tarde. Colin se preparó algo precocinado de cena y yo subí a mi cuarto. Cuando papá y mamá llegaron me hice la dormida y Colin les contó que me dolía la cabeza. Abría sido más acertado decir que me dolía el corazón.

 

Bueno, espero que os guste!! Hoy subo mas cap porque creo que este finde no voy a poder, asi k leed!! Comentad porfaa!!

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