Capitulo 3 (2ª parte)

Aqui os dejo con la segunda parte!!!
Y no penseis que la pobre protagonista es una fresca xk en el tercer capitulo ya se ha morreao con uno, ok?? Tened compasion de ella!! 😀

***

Cuando desperté descubrí que era sábado y me alegré de no tener que ir a clase. Me quedé hasta tarde en la cama y cuando me aseguré de que no había nadie en la cocina bajé y desayuné. Leí la lista de cosas por hacer en la casa que había colgada de un imán en el frigorífico. Volví a mi habitación y me vestí. Salí al jardín y le propuse a mamá acabar de plantar las flores por ella. Era una buena terapia eso de concentrarse simplemente en flores y tierra. Pero vi perfectamente como una chica rubia llamaba a la casa de enfrente. A la casa de Henry. Me concentré más en las flores mientras lloraba en silencio. No oí a mamá acercarse a mí.

-Si las riegas mientras las estás plantando no tiene gracia, cariño. – Me abrazó y me secó las lagrimas. – ¿Qué ocurre?

-He suspendido el examen de sintaxis. – Mentí. ¿Qué otra cosa podía hacer? Era más sensato llorar por un tres que por el mejor amigo de mi hermano.

-Ve adentro y tomate un chocolate caliente, yo acabaré de plantar esto. – Dijo mientras me quitaba de las manos las flores y la pala.

Me quité las botas en el recibidor y fui descalza hasta la cocina. Cogí una taza y me puse el chocolate que había en la nevera. Lo calenté en el microondas y me senté en el sofá con él. Ya había dos lugares oficiales de amargura en la casa: el salón y mi habitación. Recordé que cuando era pequeña me encantaba tomar chocolate caliente mientras veía la tele. Antes era simplemente feliz. Existía Henry, sí, pero no esta clase de sentimientos hacia él. Pensé que Colin tenía muchísima suerte de no haberse enamorado todavía. No era muy divertido que digamos sentir como algo te está perforando lentamente por dentro, y todo porque simplemente no le has dicho al chico que te gusta. Me acabé el chocolate y fregué la taza.

-Mamá, me voy a casa de Lucy. No tengo ganas de comer y ya sabes que ellos comen más pronto que nosotros. – Cogí las llaves y cerré la puerta de un portazo. Crucé la calle y llamé al timbre. En estas ocasiones era muy práctico vivir en frente de una de tus mejores amigas.

-Hola, ups, vaya, pensaba que eras otra persona. – Henry abrió la puerta y su cara cambió considerablemente cuando vio que no era la rubia. Sí, no había dicho que creía que yo era Samanta, pero, vamos, era tan obvio. En estas ocasiones era un fastidio que una de tus mejores amigas fuera la hermana del chico que te hace sufrir. – Pasa, pasa, no te quedes ahí. ¡Lucy! Tienes visita. – Y tras evitarme por completo (no había dicho mi nombre ni una maldita vez) se fue.

Sorprendentemente no estaba triste. Estaba furiosa. Jolín, se suponía que por lo menos éramos amigos, y había pasado de mí. ¿Pero que había hecho yo? Según Colin él no había visto ni mi beso con Alex ni al mismísimo Alex.

Estuve hablando con Lucy y comentándole que Henry no tenía ningún motivo para actuar así. Decidimos hablar con él. Golpeó su puerta y la abrió.

-Henry, Luna y yo queremos hablar contigo. – Dijo Lucy mientras su hermano se giraba en la silla.

-¿Qué ocurre? – Preguntó mientras nos sentábamos en su cama.

-Seguimos siendo amigos, ¿no? – Le pregunté con un hilillo de voz. Temí que me dijera que no.

-Claro, ¿por qué lo preguntas?

-¿Por qué me estás evitando? Ayer ni siquiera me saludaste.

-Bueno…estaba con Sam y no quería herir tus sentimientos. Creo que deberías saber que estamos saliendo juntos. Ahora que está claro que tu y yo solo somos amigos ya nos podemos volver a contar todo.

¿Sam? Ahora encima la llamaba por un apodo cariñoso. Y encima eran novios, lo que me faltaba. Se suponía que los dos sentíamos lo mismo, y estaba claro que Henry no se había inventado a su novia para ponerme celosa. Pero ya no estaba furiosa ni triste. Él no sentía lo mismo. No era su timidez, si no yo.

-Pues que duréis mucho tiempo. – Dije. Lucy se quedó helada pero Henry me sonrió. Todo volvía a estar en su sitio. Éramos amigos y yo sentía algo por él. Samanta era un detalle sin importancia. – En fin, me voy. – Le dediqué una mirada a Lucy, me levanté y me fui.

Mientras cruzaba la calle me di cuenta de lo feliz que estaba. Todo volvía a la normalidad. Como siempre. Entré en casa y descubrí que ya estaban cenando. Caray, que pronto se había pasado el tiempo. Me senté con mi familia y cené pescado y verduras. Después hice un poco de zapping en la tele hasta que papá y mamá nos dejaron solos en el salón a Colin y a mí.

-¿Has visto a Henry? – Me interrogó.

-Sí. – Apagué la tele con el mando a distancia y lo miré.

-¿Y…?

-Seguimos siendo amigos. – Me froté una pierna. Empezaba a sentirme incómoda. Mi hermano nunca había mostrado tanto interés por mi vida privada.

-¿Seguís siendo amigos? ¿Eso es todo? – Los ojos de Colin reflejaban una cierta incredulidad.

-Tiene novia. La rubia. – Expliqué con un leve asentimiento de cabeza.

-¿Te refieres a Samanta? – Preguntó. Asentí y Colin se revolvió en el sofá. Se veía claramente que se sentía tan incómodo como yo. – Así que prefiere a esa falsa antes que a mi hermanita. Nunca pensé que Lucy tuviera razón acerca de Henry. Es idiota. – Se levantó y se rascó la cabeza. – Pero, ¿qué se le va a hacer? Me voy a dormir. – Y tras decir eso desapareció. Yo volví a encender la televisión y vi una serie policiaca. No recuerdo cuando me quedé dormida, pero me despertó el ruido de la tele. Me había tumbado encima del mando y el volumen estaba al tope. Eran las cinco de la mañana y no tenía ganas de subir a mi cuarto para estar dando vueltas en la cama, así que me preparé unos cereales y me fui al porche trasero a comérmelos. Cuando me los acabé dejé el tazón en el suelo y subí a mi cuarto a por un cuaderno y un boli. Allí, en medio de la naturaleza del jardín trasero de casa amaneciendo se me ocurrían un montón de letras de canciones. Y todavía estaba más inspirada después de haber sufrido tanto por Henry. Bajé por las escaleras y me apoyé en la pared para poder escribir bien. La inspiración no espera a que te pongas cómoda.

<<Puedo ver el amanecer de un nuevo día mientras las lagrimas desaparecen/Puedo escuchar el sonido vivo de mi corazón mientras dejo atrás lo que pasó/Siento que empiezo de nuevo y no quiero recordar la tristeza de ayer/Pero me gustaría que me hubieras dicho que me quieres>>

Me separé de la pared y sonreí satisfecha. Al fin y al cabo ser intensa y sufrir sirve para hacer buenas canciones. Abrí la puerta del porche y me paré cuando vi a Colin en pijama mirando el jardín.

-¿Tu tampoco puedes dormir? – Me preguntó con su pelambrera revuelta.

En lugar de asentir o contestar le enseñé nuestro viejo cuaderno de notas. Los dos le teníamos un cariño especial a esas hojas, quizás porque escondían experiencias más sinceras que cualquier libro. Antes me parecía raro que los dos compartiéramos el cuaderno, pero ahora lo consideraba especial. Nos unía.

-Reconvirtiendo tu dolor en canciones, ¿eh? De nuevo eres la Luna de siempre. – Nos quedamos allí contemplando las flores y plantas y por primera vez vimos nuestro primer amanecer juntos. Era refrescante notar el sol en tu piel. Entonces supe que el cuaderno, Henry, y el amanecer nos habían unido más que nunca. Siempre seríamos hermanos. Aunque Colin me pegó otra colleja.

-¿Por qué? – Le exigí.

-Soy tu hermano mayor. Nunca podremos estar en paz. – Sí, aunque muchas veces lo llamaba “hermanito” eso no cambiaba el hecho de que fuera dos años mayor. Me hizo cosquillas y al final nos abrazamos. Siempre sería mi hermano mayor, que cuidaría de mi. Pero lo de la paz habría que verlo. Le devolví la colleja.

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