Capitulo 4

Capítulo cuatro

Estudiar en la cocina me relajaba. Sentir el aroma fresco de la fruta a mi lado me daba energía para seguir empollando los finales. El domingo había decidido levantarme temprano el lunes y estudiar lo que me faltaba antes de ir al instituto. Esta era una mejor táctica que la de pasar toda la noche sin dormir y olvidarlo todo mientras roncas. Acabé de repasar los últimos tres temas de biología y me puse el MP3. A veces me costaba pensar si había demasiado silencio, aunque ahora mismo no quería pensar, sino relajarme antes del examen. Pero por lo visto mi mente no podía pasar mucho tiempo en blanco y le dio por pensar en motos. Y de ahí pensó en macarras. Y me vino a la mente Alex, que parece que lleva la palabra macarra tatuada en la frente. La verdad es que no sabía cómo actuar después del – Ejem, Ejem – desliz del viernes. Nos habíamos besado.

Mierda. ¿Y ahora qué iba a hacer? Mamá bajó por las escaleras y la ayudé a preparar el desayuno. Me alegré por no tener que pensar más en Alex. Entonces sonó el teléfono. Era Judy.

-No tengo mucho tiempo antes de que Kyle venga a buscarme, pero quería saber cómo estabas. Ayer te llamó Kate pero no…

-Ya está todo solucionado. Henry y yo volvemos a ser amigos.

-¿Qué? Pero, ¿qué pasa con…?

-Tiene novia. Samanta.

-Entones, ¿qué vas a hacer con Alex? Y, ¿quién es Samanta? ¿Es qué soy la única que no se entera de nada?

-No, Judy. Tranquilízate. Samanta es la rubia. Me lo ha dicho mi hermano. Y no sé que voy a hacer con Alex, porque después de besarnos…

-¿¡Os besasteis!? ¡Pero Luna! Y decías que ese rollito de malo no te iba…

-Se aprovechó de mí. Estaba destrozada con lo de Henry. – No quería que me juzgara. Estaba triste y él no me dio tiempo ni de respirar.

-Bueno, mira, yo no sé qué pensar. Ya hablamos luego. Adiós.

-Adiós.

Dejé el teléfono en la mesa, cogí la bandolera y me senté en las escaleras de la entrada de casa. Faltaba todavía un rato para que Alex llegara. Desde luego, un chico malo no me convenía como novio, pero si él me hacía olvidar a Henry… Oí el rugido del motor y me levanté.

-¿Por qué no me lo dijiste? – Dijo mientras paraba el motor y miraba al suelo.

-¿Decirte qué?

-Que sigues enamorada de él. – Rugió entre dientes.

Me quedé parada en medio del césped. Kate y él habían hablado.

-Pero si ya lo sabías. ¿Te crees que todo el plan de los celos era una broma? – Volví a andar y me acerqué lentamente a él.

-Entonces ¿por qué? ¿Por qué haces esto? – Preguntó mientras me miraba. Me sentía fatal. Le había hecho daño. Podía ser un chico malo, pero era el hermano de Kate. Y tenía su corazoncito.

-Mira, yo… – Suspiré y me miré los zapatos. Le tenía que decir la verdad. – Estuvo mal, lo sé. Pero tú sabías que estaba hecha polvo y aún así lo hiciste. Ni siquiera pensé lo que estaba haciendo, pero tú sí. Así que, ¿qué era lo que pretendías? ¿Qué lo olvidara con un simple beso? Hace falta más que eso para que lo pueda olvidar. Lo siento.

Estuvimos un rato en silencio, cada uno amargados en nuestro dolor.

-¿Vas a subir o prefieres no ir al instituto hoy? – Me preguntó al fin. Subí y me preocupé un poco ya que no llevábamos casco. Al llegar al instituto nos quedamos inmóviles encima de la moto.

-Oye, lo siento… – Le dije mientras mi mano descansaba en su espalda.

-No. Tienes razón. Aquí el único imbécil he sido yo. – Giró la cabeza y me miró como pidiéndome perdón.

Me bajé de la moto y me miré mis viejos vaqueros. Ayer iba más guapa.

-… – Inspiró profundamente y me miró. Sus antebrazos estaban apoyados en el manillar. – ¿Entras o qué?

Por un momento observé la escena. Los demás alumnos que estaban en el aparcamiento y se dirigían hacia el hall parecían entremezclarse con nosotros de una forma tan natural. Y a la vez parecía que Alex y yo estábamos aislados de los demás. Viviendo nuestra propia historia.

-No. – Le dije con convicción en la voz. De pronto levantó la cabeza y me miró asustado.

-¿Y para esto he desperdiciado yo gasolina? – Me recriminó con el ceño fruncido. Si no entraba pensaba hacerme entrar a la fuerza, lo veía en sus ojos.

-Alex, esto es muy difícil de decir… – Y no sabía ni por dónde empezar. Le había hecho daño y no quería seguir haciéndolo, pero si había una mínima posibilidad quería aprovecharla. Quería olvidar lo que sentía por Henry, y él podía ayudarme. Su rollo de macarra ya ni me molestaba. Pero no soportaba la idea de ver otra vez esa mirada suplicante en sus ojos. Retiré la mirada de mis zapatillas y lo miré a los ojos. Mostraban expectación. Estaba ansioso por oírme hablar. – Pero, ¿qué se le va a hacer? Tengo examen de biología. Luego nos vemos. – Le di un beso en la mejilla y me fui andando lo más deprisa que pude.

Me había hecho un lío. Ni yo misma encontraba la coherencia entre mi primera frase y la continuación. ¿Acaso era difícil decir que hoy tenía examen? A estas alturas se habría dado cuenta de que algo raro pasaba. Y querría saber qué era lo difícil de decir. ¿Y qué le iba a contestar? No le podía decir: Ni yo misma lo sé, pero, ¿quieres ayudarme a olvidar a Henry? Ni Judy era tan mala. Ni tan fresca como para decir eso y quedarse ancha. Durante todo el día anduve como en una nebulosa. Después del almuerzo teníamos el examen, así que tenía que contarles a Kate y Judy lo que pasaba. Judy y yo empezamos a comer en silencio esperando a que Kate llegara. En ocasiones era un fastidio no estar las tres juntas en clase.

-Me estoy empezando a cansar de las ensaladas. Me da igual que sea sano, cada vez la lechuga me parece que sabe peor. – Murmuró Judy removiendo su bol de tomate, lechuga y pepino.

-Pues comete una hamburguesa. – Sabía que le encantaba la comida rápida.

-No puedo. Si me rindo ahora de nada servirá toda la dieta que he hecho. Si me dejo vencer, el bikini me quedará fatal.

-Pero si llevas haciendo dieta desde octubre. Ya hiciste suficiente sacrificio con no probar los dulces en navidad. Por una hamburguesa no pasa nada.

-Ya, claro. Lo dices tú, que eres un palo.

Desistí. Cuando Judy se ponía así, era imposible hacerla cambiar de idea, y menos sobre su dieta.

-Eh, mira. – Me dijo Judy de repente. Señaló a mi espalda. Me volví y pude ver a Kate hablando con una chica rubia. Si hubiera sido un dibujo animado me habrían chirriado los dientes. Se despidió de Samanta y vino hacia nosotras.

-No os podéis imaginar lo maja que es Samanta. Llevo hablando con ella unos quince minutos y ya me dan ganas de invitarla a casa. – Se sentó al lado de Judy y las dos le echamos una mirada asesina.

-¿Qué? – Nos preguntó Kate ante nuestras miradas. – ¿Qué ocurre?

-Esa chica tan maja es la novia de Henry, por si no lo sabías. – Le contesté.

-No. – Exclamó con los ojos muy abiertos. – Vaya, lo siento. – Iba a decirle que no pasaba nada pero me dieron ganas de matarla. – Pero ahora que Henry y tú volvéis a ser amigos quizás algún día la invite a comer con nosotras. Es una chica muy maja, no me extraña que a Henry le guste. Cuando la conozcas ya verás que te encantará.

Si no muero de odio antes, pensé. Judy me miró y supe que estaba de mi lado, no sabía que mosca le había picado a Kate para que actuara así. Estábamos engullendo en silencio cuando recordé el asuntillo de Alex. Si Kate era tan liberal con Henry, entonces entendería a la perfección lo que le iba a contar.

-Voy a salir con Alex. – Exclamé. Uno de los tomates de la ensalada de Judy se quedó a medio camino entre su boca y el bol. Me miró comprobando que no era ninguna broma y esperó la reacción de Kate.

-Me parece bien. Él estará feliz y tú también. – Dijo antes de zamparse una croqueta entera. – ¿Sabéis? Creo que me estoy acostumbrando a esto de comer proteínas a todas horas. Además, si sales con mi hermano te tendré en casa más a menudo. Todos ganamos. – Sentenció con un encogimiento de hombros.

Durante el resto del descanso hablamos de cosas sin importancia como cuanto había entrenado ayer y el gimnasio. Después nos fuimos Judy y yo hacia el aula de biología y nos despedimos de Kate.

-Dime que no es verdad. – Me pidió mientras estábamos en el pasillo.

-No lo es. – Dije.

-¿De verdad quieres salir con Alex?

-Sí. – Esperé a que Judy frunciera el ceño y pensé que Kate y ella se habían intercambiado los papeles.

-No es que no me alegre – comenzó. – Pero eso de salir con alguien para olvidar a un chico no funciona, créeme. Lo he intentado y no funciona. Bueno, sí que funciona, pero hace falta mucho tiempo.

La miré y deseé no pensar en Alex de esa manera.

-En el fondo no es tan mal chico. – Contesté. Nadie me había preguntado nada acerca de cómo era, pero sentía que tenía que decir algo en su defensa.

-Os besasteis. – Dijo con un tono enunciativo. – ¿Sentiste algo? – Preguntó con expresión triste. – Por favor, dime que sentiste algo porque si no te estrangulo. Dime que no eres una de esas chicas que se lían con chicos que ni les gustan.

-¿Te refieres a que te diga que no soy como tú? – Alcé una ceja. Ella se liaba cada dos por tres con alguien, y no me creía que siempre le gustara.

-No seas así. A mí me gustan los chicos, todos los chicos. Siempre me gustan.

-¿De verdad? Entonces, ¿te parece guapo Edwin de cuarto?

-¡No! – Chilló horrorizada. Era razonable, Edwin poseía la nariz más horrenda que se halla visto jamás. Y eso por no mencionar su cabello grasoso. – Aunque te suplique de rodillas que no lo hagas, vas a salir con Alex, ¿no?

-Como me conoces. – Sonreímos durante un segundo y nos volvimos a poner serias. – Esto no es normal, Judy. Llevo desde quinto de primaria colada por Henry. Y que yo recuerde solo cuando empezamos el instituto me pareció mono otro chico. El resto se resume a Henry, Henry y más toneladas de Henry. – Me miró comprendiéndome y continué. – Si hay una mínima posibilidad de olvidarlo, quiero hacerlo.

-¿Aunque vayas a herir a alguien que quieres? – Interrumpió. Sabía que yo no era una sádica en potencia y odiaba hacer daño a las personas.

-Los dos nos gustamos, lo conseguiré.

-Luna, para empezar te gusta más Henry. Y para seguir yo no diría que le gustas a Alex. No sabes la de veces que me han dicho que era guapa para meterme la lengua hasta el estomago.

Judy tenía razón. No podía afirmar que le gustara. Antes lo había hecho con Henry y me había equivocado. Pero vi la tristeza de los ojos de Alex, y eso no era simplemente su orgullo herido. ¿O sí? Suspiré. Definitivamente era mejor pensar en biología que en chicos. Ya pensaría algo cuando viera a Alex.

El examen de biología fue un desastre. Cinco páginas de preguntas que ni siquiera habíamos dado. En el descanso entre quinta y sexta hora Kate y yo coincidimos en el pasillo.

-Así que vas a salir con mi hermano, ¿eh?

-Sí. – Dije, aunque no muy convencida.

-Ay, que nuestra Luna se nos está haciendo mayor. – Dijo en un tono muy teatral.

-Sí. – Respondí de nuevo. – Vas a ser la última en salir con un chico. – Kate pegó un respingo. Las dos recordábamos perfectamente que de pequeñas habíamos hecho una promesa y una apuesta. Prometimos haber salido con algún chico antes de los quince años y empezamos una especie de competición no reconocida por ver quién era la segunda en besar a un tío. (La primera obviamente fue Judy). – Solo quedan tres meses para tu cumpleaños, pero para el mío siete. Uy, que digo, si yo ya me he besado con Alex. – Las palabras salieron de mi boca como puñales afilados dispuestos a clavarse en el corazón de Kate. De pronto fui consciente de mis palabras y me llevé las manos a la boca. Yo ya era la segunda. Pero había sido con Alex. Una rabia me invadió por dentro. Con Alex. Mi primer beso. Solté un taco y me crucé de brazos. Tendría que haber sido con Henry. Pero a lo hecho pecho. Me giré hacia ella y contemplé su semblante. Tenía los ojos húmedos. Se me había olvidado lo sensible que era Kate.

-Oh, Kate, lo siento. No pretendía… – le toqué un brazo y me miró.

-Pero es la verdad. Y yo solo soy una estúpida llorona que ni siquiera va a ser animadora. Soy una ilusa. Una maldita ilusa.

-No, no lo eres. Eres una buena persona que siempre consigue lo que se propone porque tiene talento. Mírame a mí. Me besé con Alex. Ni siquiera tengo fuerza de voluntad.

-Sí que tie… – Sonó el timbre que indicaba que deberíamos estar en clase. Nos dimos un rápido abrazo y nos dirigimos nuestras respectivas clases.

Me pasé toda la hora de física mirando por la ventana. Era estúpida. Rematadamente estúpida. Y ni me acordaba de que sentí cuando Alex y yo…Bueno, sí que me acordaba. Perfectamente. Pero estaba asustada. Tenía miedo de que lo que dijo Judy fuera verdad. ¿Y si yo no le gustaba lo más mínimo a Alex? Sin embargo una parte de mí deseaba que acabaran las clases para encontrarme con él. Se lo iba a decir. Estaba segura. Cuando faltaban cinco minutos para que sonara el timbre el profesor Lewis nos dejó recoger nuestras cosas y todos fuimos al aparcamiento. No me molesté en buscar a Judy o Kate, en cuanto vi a Alex fui hacia él y no existió nada más. Me encantaba su pelo, color chocolate y peinado en cresta.

-Hola – susurré.

-¿Qué hay? – Me contestó en ese tono pasota tan suyo.

-Yo…Sé que por la mañana he estado un poco rara. – Dije mientras sus ojos y los míos se encontraban. – Esto es complicado de decir…

-Pues dilo. ¿Qué pasa?

Fruncí el ceño. ¿A qué venía esa actitud? ¿Estaba cabreado conmigo?

-Verás, yo…he pensado que…en fin, tu y yo…después de lo del otro día…

-Joder Luna, ¿te vas a dar prisa o no? He quedado.

-¿Qué? – Pregunté con una nota de alarma en la voz.

-He quedado. ¿Es que no puedo quedar o qué? Porque que yo sepa no tienes ningún derecho a reprocharme nada. – Soltó una carcajada irónica. – Ni que nos hubiéramos enrollado.

Lo miré y por un segundo deseé morirme.

-Pero… – susurré intentado recordarle el beso.

-¿Pero qué? ¿La mierda de beso? ¿Te refieres a aquello? Si tú misma dijiste que no tenía importancia. Así que sube, que voy a llegar tarde.

Obedecí y estuvimos todo el camino en silencio. Cuando llegué a casa ni nos despedimos. Saludé a mamá y subí a mi cuarto. Me alegré de que Colin no estuviera en casa. Me senté en la cama cogiéndome las rodillas con las manos y escuché el escaso silencio que quedaba antes de que en mi interior empezara una guerra.

¡Estúpida!¡Estúpida! gritaba una vocecilla en mi cabeza. ¿Cómo has podido pensar que Alex y tu podríais tener algo? ¡Estúpida! ¿Solo por un beso? ¿Qué pasa? ¿Es que cuando alguien te coja de la mano ya hablareis de boda, o qué? ¡Estúpida! ¡Si tu le dijiste que seguías queriendo a Henry! Ninguno de los dos te quiere. ¡Ninguno! ¿Y sabes por qué? ¡Porque eres una estúpida!

Cogí mi almohada y me la apreté contra la cara. Ahogué un grito en ella y me hice un ovillo.

¿La segunda en besarse con un chico? ¡Ja! Cogí papel y boli y escribí en letras grandes <<NO MÁS CHICOS>>. Me levanté y lo pegué con celo dentro del armario. Ya había sufrido bastante. Primero Henry. Y cuando creía que las cosas iban bien, ¡zas! Alex tampoco. No me enamoraría de más chicos durante una temporada. Y adiós a la tristeza. Enchufé la mini cadena y puse a todo volumen la canción Iyiyi. Ojala alguien como Cody Simpson me escribiera canciones de amor. Solté una risilla tonta. Seguramente él no había escrito esa canción. El mundo era una farsa. Pero me puse a cantar la canción.

 

 

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