Capitulo 6

Capítulo seis.

Levanté la vista del cuaderno y miré el reloj de pared. Aún faltaban veinte minutos. La hora de estudio se me estaba haciendo larguísima. Le lancé una rápida mirada a Colin y comprobé que estaba medio dormido mirando la pizarra. A ninguno nos entusiasmaba desperdiciar la hora estudiando, preferíamos aburrirnos sin hacer nada. Me pregunté que estaría pensando. A Colin todavía no le gustaba ninguna chica. Jerry y yo ya hacía tiempo que pensábamos en esas cosas, pero él seguía siendo como un niño. Cumplía los años unos meses más tarde que yo pero cuando lo mirabas a los ojos podías sentir su inocencia. Cuando mirabas esos ojos color otoño podías seguir viendo a ese niño de cinco años. De alguna manera me daba miedo. Él era tan perfecto, tan sincero. Me daba miedo que estuviera conmigo. Yo podía herirlo sin querer. A veces llegaba a estar meses enteros preocupado por él, pero entonces llegaba y soltaba: “¿Me dejas los deberes? No los hice ayer. ¡Ah! Y si te preguntan algo mis padres diles que fui a tu casa, no quiero que sepan que me pasé toda la tarde en las pistas practicando.” En esos momentos parecía que yo era el hermano pequeño, bobo e idiota por quedarme a hacer los deberes mientras él estaba con su monopatín. Sus dos personalidades, la rebelde y la infantil, se complementaban de una forma tan natural que era incluso raro. Fruncí el ceño. ¿A que venían estas reflexiones tan profundas? ¡Pero si era Colin! Simplemente el idiota de Colin. Seguí rayando la hoja. Un momento. Me cabreé. ¿Había escrito el nombre de Luna unas diez veces? Tenía que dejar de pensar en ella. Se suponía que estaba saliendo con Samanta. No podía ir por ahí escribiendo otros nombres que no fueran el suyo. Suspiré. Arranqué la hoja. Intenté dibujar algo que no fuera Luna. Me salió un retrato bastante penoso de Colin. Cerré el cuaderno y lo guardé en la mochila. El resto de la clase me la pasé mirando por la ventana. Afortunadamente el aula auxiliar 103 daba al patio. Los de primero estaban jugando un partido de voleibol bastante penoso, pero era mejor que nada. Sonó el timbre y todos salimos corriendo al pasillo. Si te quedabas más de cinco segundos en la clase el profesor Thriller creía que te interesaban sus clases y se pasaba el resto del trimestre hablando contigo. No solo era humillante, era agobiante. Tener pegado todo el día a un profesor no es que fuera muy agradable. Solo oías cosas sobre el colegio una y otra vez. Y por si fuera poco ninguna chica se te acercaba. Bueno, nadie se te acercaba. Mientras metíamos los libros de la taquilla en la mochila Jerry mascaba chicle. Siempre lo hacía cuando estaba orgulloso de él. Lo miré levantando una ceja y me mostró una ancha sonrisa.

-¡Si! ¡Al fin ha caído! Tío, me ha costado lo suyo, pero ahora todo está en su lugar. Seguí vuestro consejo y me acerqué a ella después del partido. Le dije “Bueno, nena, ¿Qué te ha parecido?” Soltó una risita y le pregunté que si le apetecía que quedáramos un día. – Se cayó y Colin y yo lo miramos interrogándole. – Venga, tíos, no me digáis que necesitáis saber lo que me contestó. – Hizo otra pausa y pareció exasperado. – ¡Qué sí!

-¡Aaaah! – Contestamos los dos para picarle. Nos echó una mirada furibunda. De pronto los tres empezamos a reír. Nuestros enfados duraban poco. Me alegré de que no hubiera ningún mal rollo entre nosotros. La semana pasada Colin había estado un poco cabreado por lo de Luna. Pero ahora todo volvía a la normalidad.

-Eh, podríamos organizar una cita doble. – Le propuse a Jerry.

-¿Y yo qué? – Nos recriminó Colin. – Genial, os echáis novia y a mí que me zurzan.

– Vamos a quedar. ¿Sabes que vas a hacer tu? – Preguntó Jerry mientras le ponía un dedo en el hombro a Colin. – Vas a ligarte a alguna de esas chicas que hay donde practicas con el monopatín.

-Idiota, van allí a ver a sus novios. Todas tienen pareja. – Contestó con mirada de asco.

-¿Todas? Venga ya. Seguro que hay alguna que está ahí acompañando a una amiga.

-Pues dime donde está, porque yo no veo a ninguna así.

-No buscas. Os dejo, tíos. Tengo entrenamiento. – Jerry se fue con su mochila colgada de un hombro y sus pantalones rotos. Vi como una cuantas chicas de otros cursos lo miraban. Jerry tenía montones de admiradoras. ¿Su chica? Otra admiradora. Colin y yo siempre nos quejábamos de no ser como Jerry. Pero no todos podíamos ser una mezcla perfecta de Leonardo DiCaprio, Einstein y Brad Pitt. Bueno, la verdad es que no sabía ni que famosos eran los más guapos, pero era listo y atractivo. Mi hermana una vez me dijo que lo había visto en una foto y era igualito a Taylor Lautner. Me sorprendí bastante al ver su poster. ¿Mi madre no le había dicho nada? ¡Pero si tenía a un tío sin camiseta mirándola desde la puerta! …He de reconocer que estaba bastante celoso. Si las chicas pensaban que Jerry se parecía a ese tío, ya estaba tardando en apuntarme a rugby. Dudaba mucho que mi amigo fuera igual que ese famoso sin camiseta. Que yo supiera, el nunca hacía demasiados abdominales. Decidí controlar a partir de ese momento cuantos abdominales hacía Jerry. No iba a dejar que tuviera tanta ventaja, Luna a veces iba a verle a los partidos y…¿Luna?¿Qué mierdas hago yo pensando en Luna? Si la que me tendría que preocupar es Sam, pensé. Entonces una muralla se derrumbó dentro de mí y una vocecita surgió de pronto. Pero es Luna la que siempre ocupa tus pensamientos, no esa novia tan fantástica que tienes. Me revolví el pelo con aspecto sombrío.

-¿Qué te pasa? Estas raro últimamente. Bueno, ¿Qué, nos vamos? – Colin me miró como si fuera un extraterrestre o algo así. – No querrás hacer una muestra pública de tu amor con Sam, ¿verdad? – La mirada suplicante de Colin me hizo gracia. Le daban asco las parejitas acarameladas. De repente me asaltó una tristeza impresionante. Él nunca nos vería a Luna y a mí acaramelados. Apreté los puños. ¿Por qué era tan estúpido? Todo podía haber salido bien, Luna y yo podríamos haber sido novios, pero no. ¿Por qué? Porque era peligroso y malo para ella. Deseé poder darle un puñetazo a la pared, pero no lo hice. No quería romperme la mano, y tampoco que Colin me mirara todavía más raro. Solté un bufido y fui andando rápido hacia el coche de Matt Mathews. Colin me seguía con dificultad. Me monté en el asiento del copiloto y él en el de atrás. El único sonido que se escuchó durante todo el camino hacia casa fue la radio. Por lo visto Matt y su novia habían roto y el ambiente de tensión se podía tocar. Ni Colin ni yo queríamos meter la pata, así que estuvimos en silencio.

Cuando llegamos a casa nos despedimos. Entré en la cocina, cogí un zumo y mi plato de comida y lo subí todo a mi cuarto. Nunca comíamos juntos. Papá y mamá trabajaban hasta tarde y Lucy comía viendo la tele. Cerré la puerta de mi cuarto y tiré la mochila al suelo. Encendí el ordenador y comí mientras navegaba por internet. Estudié un poco y antes de que vinieran papá y mamá bajé al salón y vi la televisión. Lucy bajó a preguntarme una cosa sobre matemáticas y después cogí un poco de comida del frigorífico y la subí a mi cuarto. No me gustaba comer con ellos. No es que no fuera familiar, pero de las pocas veces que había cenado con ellos ninguna me había gustado. Había un ambiente tan tenso que poco a poco te asfixiabas. Lucy era muy natural y siempre estaba alegre, pero no notaba lo que ocurría entre papá, mamá y yo. O si lo notaba le daba igual.

Mi estómago se encogió al oír la puerta de la entrada. Ya habían vuelto de trabajar. Apreté los ojos con fuerza. Todavía sentía esa sensación crecer dentro de mí cada vez que estaban en casa. De pronto se me pasaron las ganas de comer. Estaba acostumbrado a cenar solo oyendo sus voces en la cocina, pero de vez en cuando volvía a recaer y no podía ni probar bocado. Dejé el tenedor en el plato y me tumbé en la cama con las manos sobre los ojos. Vamos Henry, ¿no te irás a poner a llorar a estas alturas de tu vida? Sentí como si algo me estuviera golpeando el estómago y me aovillé. Aunque ellos nunca subían a decirme que ya estaban en casa ni a darme las buenas noches, el miedo se apoderó de mi. Sentí como el pánico ascendía desde mis pies hasta mi garganta. La visión de la puerta me estaba machacando, así que me tapé con la sábana y apagué la luz. Empecé a sudar a causa del calor que hacía, pero seguramente eran todo imaginaciones mías. Vi la luz colarse entre las rendijas de la puerta. Cuando por fin todo estuvo sumido en la oscuridad y el silencio me tapé hasta la cabeza y me cubrí la cara con las manos. No me sentía a salvo ni aunque lo único que se me viera fuera el pelo. Vivir en la boca del lobo no era muy agradable. De repente me entraron ganas de reír. ¡Pero si yo soy el lobo! Pero no me hacía gracia.

Os aviso que tardare en subir el proximo capitulo porque me ha costado mucho escribir este y no tengo mucho mas escrito. Espero que os guste!! La historia se va poniendo ya interesante !! xD

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2 comentarios en “Capitulo 6

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