Party at a rich dude’s house

El flash de la cámara brilló ante los muebles, la música alta y la bebida. La enorme cantidad de gente que cabía en esa casa ni se inmutó, cada uno iba a su rollo y estaba con sus amigos y un vaso de cualquier cosa en la mano. Aún me preguntaba cómo había yo llegado allí. Ni sabía quiénes eran los anfitriones de la fiesta, ni los había visto en mi vida. Amigos de amigos, a eso se reducía todo. Seguí avanzando como pude entre la multitud. A cada paso que daba me encontraba nuevas y carísimas esculturas, cuadros, alfombras… y qué decir de las habitaciones, sólo había llegado a ver el salón y un trozo de la cocina, pero podría haber muerto de admiración. Ni siquiera en mis sueños existían casas así. Continué haciendo fotos aquí y allá, gastando el botón de la cámara y llenando la memoria con lujosas fotografías. Me sorprendía la desenvoltura con la que se movía la gente, sin casi prestar atención por si rompían algo caro. Porque prácticamente todo en esa mansión era caro. Seguro que hasta el cubo de basura tenía estilo.

Noté que alguien movía con insistencia la mano en el aire, por encima de todas las cabezas, en el pasillo. Si es que a eso se le podía llamar pasillo, porque era como otro salón. Vi que era Gareth quien me llamaba para que fuera allí. Me uní a mi grupo de amigos y pude comprobar que ellos también estaban sorprendidos.

-¿Os habéis fijado en la pinta que tiene este sitio? Me siento como si estuviera en un reality show. – Nos chilló Megan por encima del ruido, porque había tanta gente gritando que ya no se oía la música.

-No es difícil imaginarse que detrás de esa planta hay un cámara de la MTV grabando – respondió Gareth señalando un arbolito de aspecto tropical situado en un rincón.

-Ya veo el título del programa, “Fiesta en casa de un millonario” – dije.

-O “Cómo morirte de envidia en 30 minutos” – Ted había vuelto con un vaso de un líquido rojizo. – ¿Queréis ponche? – Nos preguntó meneando el vaso de plástico delante de nosotros. – Tan solo lleva un 95% de alcohol – y acto seguido bebió un trago.

-Y el otro 5%, ¿qué es? – Inquirió Vicky, con una sonrisa en los labios.

Ted cerró los ojos y frunció el ceño al mismo tiempo que se acababa todo el vaso. Después soltó un “aaah” y se estremeció.

-No lo sé, pero esto está tan fuerte que parece que se hayan meado aquí.

Entonces, ¿por qué no dejas de beber, Ted?, pensé. Pero sabía de sobra lo que me iba a responder: “Porque es una fiesta”. Ted siempre hacía lo mismo, bebía y bebía sin parar, para después hacer alguna locura. La última fue enrollarse con Vicky, aunque claro, él no se acuerda.

-Voy a por otro vaso, y tú vienes conmigo – dijo a la vez que cogía a Vicky de la mano y se perdían entre la gente.

Vaya, ya iba contentillo… y la fiesta acababa de empezar.

-¿Se puede saber quién nos invitó a este lugar? – Preguntó Megan acercándose más a Gareth para que le oyera mejor.

-Un amigo de mi primo lo mencionó, y bueno, por eso hay tanta gente. Los rumores de este tipo de fiestas corren como la pólvora. – Parecía que Gareth estaba un tanto incómodo con Megan tan cerca. Sonreí. Que diferentes eran mis cuatro amigos. Gareth aún sostenía en la mano la primera y única cerveza que había cogido nada más llegar. Megan bebía pequeños sorbitos de su Coca-Cola light. Me hacía mucha gracia ver como se comportaban. Eran tan monos, los dos enamorados, los dos tímidos y ninguno se atrevía a dar el paso.

Yo mientras tanto miraba las fotos que había hecho y pensaba alguna forma para dejarlos a los dos solos.

-Pues le tenemos que dar las gracias a tu pri… – cuando Megan estaba pronunciando esas palabras un chico con el pelo castaño oscuro  y rizado pasó corriendo por su lado y la empujó. Gareth la cogió antes de que pudiera caerse, pero su vaso de Coca-Cola light fue directo a mi falda blanca. Miré con desesperación la mancha color marrón oscuro que había dejado ese inoportuno accidente. Megan me miró y pude ver que realmente lo sentía.

-Yo… lo siento mucho… tu falda… – Megan se llevó una mano a la boca y temí que se echara a llorar. Ella era tan sensible que hasta una cosa como esas lograba afectarle.

-No, si no pasa nada, no te preocupes Megan – le dije con una de mis sonrisas tranquilizadoras.

-¿De verdad? ¿Me perdonas?

-Claro que sí. Tampoco me gustaba mucho esa falda, aunque voy a intentar salvarla – dije como excusa para irme de allí.

No tenía ni idea de por dónde se iba al baño, pero seguí andando sin rumbo. Había dejado a Gareth preguntándole a Megan si se encontraba bien, y por lo que pude ver, él le estaba acariciando el hombro. Eso era todo un gran paso para romper las barreras que había creado entre los dos.

-Disculpa, ¿dónde está el baño? – Pregunté a una chica rubia que parecía a punto de llorar.

-Si quieres te acompaño, esta casa es tan grande que cualquiera se pierde. Iba a ir de todas formas – dijo mientras se frotaba los ojos y se extendía el rímel por toda la cara.

-Gracias.

Esa chica me daba tanta pena. Parecía una buena persona y no debería estar llorando en una fiesta. Tras atravesar pasillos, habitaciones y varias mesitas con botellas vacías abrió una puerta y entramos en el baño. Allí había un par de chicas más hablando, y otra estaba vomitando en el retrete.

Abrí el grifo y me subí la falda. Mojé la mancha con agua pero apenas conseguí aclarar un poco el color.

-No tiene buena pinta. ¿De qué es la mancha? – Me preguntó las chica rubia que había sacado unas toallitas de su bolso y estaba limpiándose los ojos frente al espejo.

-Coca-Cola – respondí.

-Qué pena, es una falda preciosa – murmuró ella.

Cuando las otras chicas salieron del baño nos quedamos en silencio. Resultaba chocante que no se oyera nada, aunque fuera la gente cada vez se desmadraba más.
Seguí frotando la falda bajo el grifo de agua caliente. Por un momento me pareció que la mancha se había reducido un poco. Quizás después de todo la podría recuperar.

-¿Te importa que me quite la falda?

La chica rubia me miró sorprendida a través del espejo.

-Es para poder lavarla mejor – añadí.

-No, no, claro, si tienes que hacer todo lo posible por quitar esa mancha. – Ella continuó frotando sus ojos llorosos con la toallita.

Me quité la falda y me alegré de ser una de esas pocas chicas que siguen llevando ropa interior y no llevan tanga. Si no ahora mismo me encontraría en una situación un tanto violenta, pensé. La verdad es que el panorama tenía su gracia, yo en bragas frotando mi falda mientras una desconocida intentaba borrar las ganas de llorar de su cara.

-¿Has probado a echarle un poquito de jabón? – Me sugirió.

De pronto me paré y la miré. Sonreí ante mi falta de sentido común. Busqué algún bote y vi que había un bote blanco en el suelo. Era jabón de manos. De algo serviría. Apreté la boquilla y el gel cayó en la falda. Eché un poco de agua y froté con paciencia. Oí un sollozo ahogado. Miré con disimulo a la chica que tenía al lado. Ella se frotaba con insistencia los ojos con la toallita, impidiendo que sus lágrimas cayeran. Cada vez tenía los ojos más rojos. En un momento dado se calmó y dejó de llorar. Entonces soltó la toallita y la dejó al lado de la pila. Cogió un lápiz de ojos negro y se contempló largo rato en el espejo.

-¿Estás bien? – Mi voz hizo un pequeño eco cuando pronuncié las palabras.

Sus ojos se movieron veloces y sentí su mirada.

-No – dijo con una vocecilla casi inaudible.

Silencio. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora?

-¿Quieres hablar? – Me mordí la lengua justo después de que las palabras salieran de mi boca. ¿Por qué siempre metía la pata?

-No sé – contestó.

¿Ves? Eso es una persona educada, no como yo, que me meto donde no me llaman, me dije a mí misma.

-¿Sabes quién es Louis? – Me preguntó mientras agarraba la toallita manchada de rímel.

¿Debería saberlo?, pensé. Si ella me lo estaba preguntando, se suponía que lo tendría que conocer. Repasé mentalmente varios nombres en mi cabeza e hice memoria de todos los chicos que conocía en la fiesta. No había ningún Louis.

-No, lo siento – dije.

Ella musitó un “oh” y se volvió a mirar en el espejo.

-Bueno, no importa. Él es uno de los anfitriones de la fiesta. De hecho es el propietario de esta casa, junto con otro chico. ¿Te suena el nombre de Harry?

Hice una mueca con la boca, indicándole mi total ignorancia.

-Vamos, lo tienes que conocer, todo el mundo conoce a Harry… Un chico alto con el pelo castaño oscuro y rizado, que tiene hoyuelos.

El recuerdo del chico que empujó a Megan iluminó mi mente.

-¡Ah! ¡Por su culpa tengo la falda manchada! – Solté sin pensar.

-Sí, él suele ser así de despistado, pero seguro que Hazza, dijo Harry, no lo ha hecho con mala intención. El caso es que yo antes salía con Louis, ya sabes, antes de que se hicieran famosos y todo eso. Cuando la gente empezó a conocerlos lo dejamos, ya ni recuerdo el verdadero motivo. Pero ahora está saliendo con una modelo súper guapa… obviamente es guapa porque si no, no sería modelo… y yo aún no lo he olvidado. – Me dijo todo eso como si no tuviera importancia, pero se notaba que era parte de su vida.

Nos quedamos en silencio.

-Lo siento – esas palabras siempre me parecían tan estúpidas cuando las pronunciaba. Que yo lo sintiera no iba a ayudar a esa chica en nada.

-Lo malo es que seguimos siendo amigos y mientras él ya ha rehecho su vida, y es feliz, yo soy desgraciada suplicando que las cosas vuelvan a ser como antes. Sé que nada va a cambiar, pero creía que él era el adecuado. Pensaba que lo nuestro nunca acabaría. Y aquí me ves, llorando en un baño – ella intentó sonreír y soltar algo así como una carcajada, pero lo único que consiguió fue poner una mueca de dolor y emitir un sollozo.

No sé por qué lo hice, pero lo hice. Ella parecía tan desdichada, tan indefensa… que la abracé. Al principio me sentí un poco estúpida antes esta muestra de afecto hacia una desconocida, pero cuando pasaron unos segundos ella me estaba devolviendo el abrazo.

Al cabo de un rato nos separamos y ella enjugó unas lágrimas que estaban a punto de caerle del ojo derecho.

-Gracias por el abrazo. Me llamo Hannah.

-Yo soy Amanda, y no tienes por qué estar así. Seguro que pronto encontrarás al chico adecuado. – Le dije.

-Pero es que yo no quiero “al chico adecuado”. Yo quiero a Louis. Le quiero. Y nunca dejaré de quererle. – Respondió ella con una nota de tristeza en la voz, pero con convicción.

Justo cuando iba a decirle algo entró en el baño una chica.

-¡Aquí estás! Por fin te encuentro, nos hemos vuelto locos buscándote por todas partes – dijo la chica, y agarró a Hannah de la muñeca, para llevársela fuera.

-Pero… – Hannah se resistió, miró el lápiz de ojos, la toallita, y por último su reflejo en el espejo. – Aún no me he retocado el maquillaje – dijo como escusa para no salir.

-Pues hazlo rápido, venga, te espero fuera, pero sal. No puedes perderte esta fiesta. Es increíble. – Su amiga desapareció detrás de la puerta.

Hannah cogió el lápiz de ojos, suspiró, y lo pasó por sus ojos suavemente, dibujando una línea muy fina. Después lo guardó en su mini bolsito negro de lentejuelas y me miró.

-Suerte con esa falda. Me ha encantado hablar contigo, espero volver a verte por ahí – me mostró una hilera de dientes perfectos y se colocó el bolso en el hombro.

-Lo mismo digo. Diviértete, te lo mereces, ya verás como conseguirás ser feliz.

-La cuestión es: ¿con quién? – Y salió antes de que yo pudiera contestar.

Permanecí quieta, repasando mentalmente lo que acababa de ocurrir. De pronto me acordé de mi falda y me puse a frotar con brío la mancha. Realmente había conseguido casi quitarla. La aclaré con agua caliente y después con agua fría. No es que eso fuera a ayudar, pero tenía esa extraña manía. Entonces me di cuenta de que no podía ponerme la falda mojada y de que tardaría una eternidad en secarse. Me dije a mi misma que era por una buena causa y abrí todos los cajones y puertas de los armarios que había en el baño. ¿Dónde demonios guardarían el secador? En ese momento recordé que Hannah había dicho que los propietarios de la casa eran dos chicos. Bueno, ellos también se secarían el pelo, ¿no? Los chicos eran igual de presumidos que nosotras, tenían que tener secador como mínimo, sino es que tenían plancha de pelo. Me arrodillé en el suelo y observé los armarios. Tiré de una toalla con desgana. Ya empezaba a creer que nunca saldría del baño. Pero parece que tenía buena suerte, lo que asomaba detrás de todo ese montón de trapos desordenados ¡era un secador! Cogí todas las toallas y manoplas con un brazo y saqué mi salvación del fondo. Volví a colocar las cosas bien y enchufé ese aparato blanco. Lo puse a la máxima potencia y apunté a la falda. Apreté el botón de nivel dos y ese cachivache empezó a emitir un ruido desagradable.

Cuando la falda estaba casi seca apagué el secador y lo guardé junto a las toallas. Cerré todas las puertas y cajones de los armaritos y me puse la falda. Aún estaba un poquillo húmeda, pero no pasaba nada, se secaría rápido. Agarré la manivela de la puerta y dudé. ¿A dónde se suponía que iba a ir? Para empezar tenía que recordar dónde quedaba el salón del que había salido, y después ya vería si me iba con mis amigos o no. “Va, son Gareth y Megan, seguro que aún están hablando a un metro de distancia”, me animé.

Empecé a andar entre la gente, crucé pasillos y habitaciones. Ya pensaba que me había perdido cuando divisé la planta de aspecto tropical. Una sonrisa me iluminó la cara. ¡Bien! Ahora solo me quedaba ver a Megan y Ga… Oh, no. No, no, no. No podían ser ellos. No, no podía ser. Pero eran ellos. Y se estaban enrollando en un extremo del sofá de piel. Maldición. Bueno, como última opción me quedaban Vicky y Ted, aunque no iba a ser fácil encontrarlos. Antes de que pudiera darme la vuelta algo vibró en el bolsillo de mi chaqueta. La cámara no era, así que saqué mi móvil. Un mensaje de Vicky: <<No nos esperéis xxx>>. Apreté el móvil. ¿Tenía que ser justo ese día? ¿En esa fiesta, en ese momento? Pero, ¿qué demonios tenían Ted y ella en la cabeza? Serrín, porque otra cosa no les cabía… Suspiré y me guardé el móvil. Genial. No podía irme a casa porque era Gareth el que nos había llevado hasta allí en su coche de segunda mano. Así que tendría que esperar hasta que a Megan y a él les diera la gana de terminar de mezclar sus salivas. Qué asco.

Vi que al lado de la pared había una silla vacía y me dejé caer sobre ella. Menuda noche más larga y aburrida. Ya ni me importaba lo asquerosamente ricos que eran los dueños de esa casa.

Noté que me pitaban los oídos. Habían subido un poco más el volumen de la música. Y creía que era imposible ponerla más alta. Un chico moreno se subió a una mesa y empezó a bailar. Poco después se le unió un chico con la piel más oscura y temí que la mesa se partiera en dos bajo el peso de ambos. La gente a su alrededor los animaba y ellos hacían alguna que otra tontería. Quizás en otro momento aquello me habría parecido gracioso, pero en aquel instante me empecé a sentir mal. Estaba completamente sola en medio de una fiesta con un millón de desconocidos, y para colmo la falda que llevaba tenía un aspecto penoso.

Apoyé un brazo en el respaldo de la silla y miré el reloj: las 23:21. Y mis padres me había dicho que podía volver a la una de la madrugada. Ya era mayor, tenía 18 años. Y quería volver a casa. Jamás me había parecido tan aburridas las fiestas. Tampoco había pensado que eso podía pasarme alguna vez. Creía que Gareth y Megan seguirían igual para siempre. Pero me alegraba por ellos.

Por el rabillo del ojo vi que un chico se había apoyado a poco metros de mí en la pared. Tenía un RedBull en la mano y estaba solo, contemplando el resto de la gente. Tenía el pelo rubio y era bastante guapo, aunque claro, con la poca luz que había allí dentro cualquiera sabía cómo era a plena luz del día… Me extrañó que estuviera solo, parecía bastante majo, aunque a veces las primeras impresiones no son las mejores. “Bueno, solo hay una manera de comprobarlo”, pensé. Parpadeé dos veces. ¿Le iba a hablar a un desconocido? ¿En esa fiesta? Mi lado tímido e inseguro me ordenó que me quitara esas ideas de la cabeza, pero mi otro lado me dijo que no tenía nada que perder. Y si salía mal, le diría a Gareth que nos fuéramos a casa. Pero de momento me aburría y mis dos amigos no se movían del sofá, es más, se habían acomodado mejor que antes.

Observé otra vez al chico. Parecía un poco triste y melancólico. Me lo quedé mirando durante un buen rato, y como es normal, al sentirse observado se giró hacia mí. Yo le sonreí y aparté la mirada. Al cabo del rato volví a posar mis ojos en él y pude comprobar que yo no despertaba mucho interés en él, ya que volvía a estar concentrado en la multitud. Cuando ya me había cansado de mirarle sin obtener resultado alguno e iba a posar mis ojos en otra superficie más interesante, me miró. Y yo me sonrojé, y él sonrió. Me había olvidado ya de que Gareth y Megan se estaban pegando el lote en algún lugar de esa habitación.

Pensé que entonces ese chico se acercaría y me diría cualquier cosa para saber mi nombre, pero no lo hizo. Se quedó en el mismo lugar, mirándome con una sonrisa franca en los labios. Pasaron unos segundos y desvió lentamente la mirada hacia otro lugar de la sala. Sin embargo, al poco tiempo volvió a mirarme y a sonreír. Y yo no sabía ni entendía por qué no me decía nada. ¿Es que tenía que dar yo el primer paso? Pero si se le veía lo suficientemente abierto y alegre como para atreverse a acercarse a mí. Este juego no me gustaba nada.

Entonces un chico se acercó a él y le habló. No pude oír casi nada, pero se les veía animados. Debían de ser amigos.

-¡Buena fiesta, tío! – Dijo el chico alejándose.

¡Clin, clin! Una bombillita se encendió dentro de mi cabeza. Así que ese chico rubio era uno de los anfitriones de la fiesta… Recordé vagamente mi conversación con Hannah. Harry no podía ser porque me había dicho que tenía el pelo castaño oscuro y rizado. ¿Cómo me había dicho que se llamaba su amigo? Ese del que seguía enamorada… Ah, sí, Louis. Miré al chico rubio. La verdad es que no tenía pinta de llamarse Louis, pero ¿quién era yo para saberlo?

-¿Vas a seguir mirándome durante mucho más rato sin decir nada? Porque la verdad es que me pones nervioso – el chico rubio movió los labios y esas palabras llegaron hasta mí acompañadas de una voz… peculiar. Siempre fallaba al imaginarme las voces de la gente según sus caras, y eso me fastidiaba enormemente ya que esperaba unas voces melodiosas y lo que oía eran unos sonidos bastante cercanos a los graznidos. Sin embargo, esta vez fue diferente. Jamás hubiera podido imaginarme una voz como la suya. Era indescriptible. Ni muy aguda, ni muy grave. Ni chillona ni quebradiza. Era original. Era suya. Él seguía ahí, mirándome, y esperando una respuesta. Al ver que yo no decía nada se impacientó. La verdad es que no sabía que responderle, así que sonreí. Él pareció avergonzarse. ¿Eran imaginaciones mías o se había puesto un poquito rojo? Me pareció una monada, aunque en ese momento caí en que también podía estar rojo por el alcohol.

En un momento dado él dejó de mirarme y la música bajó un poco de volumen.

-Vale, he vuelto a hacer el ridículo – dijo el chico rubio como para sí mismo, aunque yo también lo pude oír. Abrí mucho los ojos. ¿Qué? Había interpretado mi timidez como rechazo… Vaya, aquí alguien era más inseguro que yo.

-No has hecho el ridículo – dije, levantándome de la silla y acortando las distancias entre los dos. El chico rubio me miró y puso una mueca. Parecía que no acababa de creerse mis palabras. – Me llamo Amanda, ¿y tú?

-Niall – no pude evitar sonreír. Su voz era tan dulce que sin querer las comisuras de mis labios cobraron vida propia. Pero él lo malinterpretó otra vez. Suspiró y apartó los ojos de mí. – Sé que no es el nombre más bonito del mundo, pero tampoco está tan mal – farfulló.

-Pues a mí me gusta tu nombre – le contesté. Entonces me miró sorprendido y pareció relajarse un poco.

-Gracias – me dijo.

Nos quedamos en silencio y decidí apoyarme en la pared junto a él. Iba a ser una noche larga y no era un chico muy hablador. Por lo menos de momento no.

-¿Conoces a los anfitriones de la fiesta? – Era una pregunta tonta, pero por lo menos serviría para romper  el hielo y a lo mejor incluso me enteraba de quien era Louis.

Niall se rió y miró al suelo.

-Sí… se supone que yo soy uno de ellos y aquí estoy, en un pasillo de la casa de Hazza y Lou.

-¿Por qué no te vas con ellos a disfrutar de la fiesta?

-Porque… en realidad no me apetece estar aquí, he venido obligado. Aunque… ahora estoy contigo – me miró durante un segundo y apartó rápidamente la mirada.

Observé como la multitud de cuerpos se movían al ritmo del compás marcado por la música. Estaba resultando una fiesta muy movida, aún no habían puesto ninguna canción lenta para que las parejitas bailaran. Eso me recordó a Meg y Gareth, juntitos en algún lugar remoto de aquella sala.

-Y tú, ¿por qué estás sola en una fiesta llena de tíos que se morirán por bailar contigo? ¿Cuál es tu excusa?

Me reí ante la insensatez que Niall acababa de soltar. Los chicos interesándose por mí, jaja que gracia.

-¿Ves el sofá de cuero negro? – Niall asintió. – Dos de esas personas que se están enrollando son mis amigos, y los otros dos directamente se han ido de la fiesta sin preguntarnos nada. Así que aquí me ves, intentando no ser una sujetavelas. Y no me está saliendo muy bien que digamos.

Imaginé que entonces él me diría algo como “se me ocurre una manera mejor” y me besaría, pero eso no sucedió. Y yo que pensaba que en cuanto había un poco de alcohol de por medio la gente ya se te tiraba al cuello… Me asusté un poco de mis propios pensamientos y memoricé si yo había bebido algo… tan solo le había dado un par de tragos a una Fanta antes de llegar aquí. Debía ser la atmósfera de la casa, que no me dejaba respirar y me costaba pensar bien. Sin embargo no podía salir fuera porque luego no sabría volver.

-Tranquila, mi día tampoco ha salido según lo esperado. Hace unas horas me he enterado de que mi padre se va a volver a casar. Mis padres llevan divorciados un montón de años y no esperaba que se reconciliaran, pero… pensar que él va a rehacer su vida junto a otra persona que no es mamá… No puedo creerlo, quizás hasta forma una nueva familia y se olvida de nosotros. – Mientras Niall decía eso tenía la mirada perdida y me dio mucha pena. – Perdona, ya estoy dando el tostón con mis problemas. Es por esto que no quería venir, pero Zayn se empeñó en que me lo pasaría bien… estoy como un viejo quejándome de mis achaques.

-No importa… es normal que te preocupe, es tu padre.

De nuevo nos quedamos en silencio. Siempre me había imaginado que hacer amigos en las fiestas era sencillo, pero ya veía que no. Aunque con Hannah todo había sido más fácil.

-¿Qué tipo de música te gusta? – Dijo él.

-Sé que suena infantil, pero lo que más escucho es pop y rock.

-¿Infantil? Si tú supieras lo que me gustaba a mí hasta hace poco…

-¿El qué? – Inquirí con curiosidad.

-Te vas a reír, pero total… tarde o temprano te ibas a enterar porque los chicos siempre se están metiendo conmigo por eso…

-Venga ya, no puede ser tan malo – le respondí.

-Bueno, pero prométeme que me seguirás hablando – dijo y me alargó su mano, con el puño cerrado y el dedo meñique levantado. Me reí pero rodeé su dedo meñique con el mío e hicimos la promesa.

-Justin Bieber.

Abrí mucho los ojos y levanté las cejas.

-No – dije medio divertida.

-Sí – contestó él.

-Pero si… pero tú… – abrí y cerré la boca varias veces porque no encontraba las palabras exactas, y finalmente la cagué – ¿Eres gay?

Niall me miró entre extrañado y horrorizado.

-No – se rió y añadió – la gente suele reírse de mí cuando les cuento eso, pero nadie me había preguntado por mi orientación sexual. – De repente dejó de reírse y se puso serio. – ¿Es que parezco gay?

-Que va, es solo que… Justin Bieber… con todas esas fans que no llegan a los trece años… – me reí – no es muy viril.

-Pues no soy gay aunque cueste creerlo – Niall rió también.

-Me alegro – sonreí – quiero decir que si fueras gay no pasaría nada, yo no tengo nada en contra de los homosexuales…

-Tranquila, te he entendido. Supongo que no hace falta que te pregunte si tu eres lesbiana, ¿no?

-Si sigo aquí será por algo.

-Bueno, quizás estabas hablando conmigo únicamente para pasar el rato y mirar a las tías.

-En lo de pasar el rato tienes razón – Niall pareció un poco decepcionado – pero te equivocas, los que me interesan son los chicos.

-Y, ¿cómo va la cosa? ¿Has visto alguno que te guste?

-Sí – dije con timidez, pensando en él. La sonrisa de Niall decayó momentáneamente.

-¿Puedo preguntarte quién es? O al menos dime como es físicamente.

Le eché una rápida ojeada y fingí que miraba concentrada a la multitud buscando dónde estaba el chico.

-Lleva una camiseta azul… – observé a Niall, intentando localizar a todos los chicos con camisetas azules. Por suerte la gente estaba tan apelotonada que apenas se llegaban a distinguir sus cabezas.

-No lo veo. ¿Cómo tiene el pelo? – Me preguntó estirándose ligeramente para poder ver a más personas.

-Es rubio – contesté. Él continuó pasando sus ojos por todos los presentes. Sonreí mirando al suelo. Era increíble que aún no se hubiera dado cuenta. De repente frunció el ceño, parecía que el chico que había visto no le había gustado mucho…  – Tiene los ojos azules.

-Pff… sí que lo has visto de cerca… ¿has bailado con él? – Niall siguió sin mirarme a la cara, como si temiera mi respuesta.

-No, pero no me importaría… seguro que baila genial.

Nos quedamos un rato en silencio.

-¿Aún no sabes quién es? – Le pregunté preocupada. O yo estaba acostumbrada a hablar con chicos muy creídos, o él tenía menos autoestima que una coliflor.

-Dime algo más para que lo pueda localizar, por donde está, si es alto o no…

-Bueno, muy alto no es que sea…

-No todos podemos ser jugadores de la NBA – los dos reímos ante su chiste y yo pensé que ya se había dado cuenta de lo que pasaba, sin embargo, siguió buscando al chico inexistente en la habitación.

-En su camiseta pone FREE HUGS – dije, un pelín exasperada. Pero tan concentrado estaba que ni se acordó de que precisamente él llevaba esa camiseta.

-¿Pero lo estás viendo ahora mismo? – Preguntó, perdido.

-Claro que sí.

-¿Dónde está?

-Aquí, a mi lado. – Ya está, ya he jugado todas mis cartas, ahora a esperar cómo reacciona, pensé. Pero el muy inseguro, tonto y despistado lo único que hizo fue mirar a quien había a mi otro lado. Se despegó de la pared y curioseó sus caras. No lo pude aguantar más.

-Niall, eres tú. – Dije mientras le cogía de la mano para que volviera a su sitio.

-Oh – dijo él, mirándome sorprendido. – Vaya, supongo que pensarás que soy tonto – se sonrojó y desvió la mirada hacia el suelo.

-No… – le miré y sonrió – tan sólo eres un poco cortito… – respondí. Él fingió enfadarse y me golpeó flojito en el hombro. – ¿Qué es eso de pegar a las mujeres, eh?

-¿Y tú qué? Me has insultado – dijo riendo.

-Yo solo digo la verdad, si tú decides ofenderte… – entonces Niall intentó darme en la cara pero yo me aparté y más que una bofetada, lo que sentí fue como una caricia.

-Con que la verdad, ¿eh? – dijo él.

-Sí, siempre la verdad por delante. Y si te molesta, dime tú una verdad sobre mí.

-¿Qué te diga una verdad? Eso no es justo.

-¿Por qué? – le pregunté.

-Porque todo lo que se me ocurre son cosas buenas.

-Que va, mira, sin ir más lejos me puedes decir que soy fea, y eso es verdad.

-¿Quieres que te diga la verdad? Necesitas gafas urgentemente.

-¿Y eso?

-Crees que soy guapo y tú te ves fea. Aquí hay algo que no encaja – dijo riendo.

-Yo nunca he dicho que pensara que tú eres guapo – respondí.

-Bueno, como decías… que yo era el chico… en fin, en la fiesta… – Niall se azoró.

-Que no lo haya dicho no significa que no lo piense.

Él levantó la mirada y pude contemplar sus preciosos ojos azules. Realmente era guapo.

-Tienes el sentido de la belleza visiblemente alterado. – Me dijo, y sonrió.

-¿Ah, sí? ¿Y eso como lo sabes? Quizás eres tú el que necesita gafas.

-Ya llevo lentillas – dijo señalando con la mano izquierda sus ojos.

-¿Hay algo más que deba saber de ti?

-¿Respecto a la vista?

-Respecto a todo – contesté.

-Me gustan las chicas de pelo castaño – sonreí, yo tenía el pelo castaño. – Sobre todo las que hacen muchas preguntas.

-Lo siento, te estoy aburriendo… – dije disculpándome.

-Además de la vista, también te falla el oído. Sé que se me da mal ligar y tal, pero, ¿hace falta que te haga un croquis para que te enteres?

-¿De qué me tengo que enterar? – La verdad es que me gustaba picarle.

-No, si aún te tendré que cantar una canción y todo…

-¿Cantas bien?

Niall me miró de forma extraña.

-Pero… ¿no sabes que somos famosos? – Me preguntó.

-¿Quién?

-Los chicos y yo. Zayn, Harry, Liam y Louis. ¿No sabías que somos cantantes?

-La verdad es que no sé ni quiénes son. Bueno, a Harry sí que lo he visto.

-Sí, Hazza siempre llama la atención de las chicas… así que no sabes nada de nosotros…

-¿Qué? – Dije un poco exasperada. Empezaba a ponerme de los nervios que todos esperaran que yo supiera quienes eran esos chicos. Primero Hannah, ahora Niall… ¿acaso eran el nuevo fenómeno fan?

-Nada, eres una de las pocas chicas con las que puedo hablar sin sentirme incómodo. Es como antes, cuando nadie me conocía.

-¿En serio sois tan famosos?

-Un poco sí – Niall rió.

-Jo, me siento mal por no conoceros, por no saber quienes sois.

-Da igual, yo lo prefiero así. Te has quedado hablando conmigo por como soy, no porque mi cara salga en la caratula de un CD.

Nos quedamos en silencio. Me sentía un poco incómoda y tonta, probablemente era la única chica de la fiesta que jamás había oído hablar de Niall. Eso sin contar a Megan, claro está, pero ella estaba ocupada en otros asuntos.

-No quiero que me trates distinto porque sea famoso, al fin y al cabo solo me conocen unas pocas personas. Sigo siendo el mismo chico normal con el que estabas hablando hace un momento. – Dijo Niall.

-Normal… y estúpido – añadí para picarle.

-Ahora me enfado y no respiro – dijo, cogiendo aire por la boca, cerrándola e inflando los carrillos.

-Hasta así estás mono – solté sin pensar.

Niall sonrió, mirándome a los ojos.

-Tú sí que eres mona – dijo él.

Me sonrojé y aparté la mirada.

-Y aún eres más guapa cuando te pones roja – continuó. Eso hizo que mis mejillas pasaran a estar al rojo vivo, ardiendo.

-¿Sabes, Amanda? No te conozco de hace mucho, pero te quiero conocer mejor y… quiero que seamos buenos amigos – sonreí y él prosiguió – en realidad… me gustaría que fuéramos más que amigos. No sé mucho de ti, aunque tu tampoco es que me conozcas mucho… – los dos reímos al recordar mi ignorancia. – Pero creo que eres la chica que he estado esperando durante tanto tiempo.

Sonreí. Jamás… jamás un chico me había dicho nada parecido.

-¿Quieres bailar? – Me preguntó, tomándome de la mano.

-Claro – respondí.

Niall dejó el RedBull en una mesita que había cerca. Nos colocamos entre la multitud de gente que había saltando y moviéndose al ritmo de la música dance. Niall se acercó un poco más a mí, cogiéndome por la cintura. Mis manos subieron hasta su cuello y comenzó a cantarme una canción al oído.

-Take my hand… I’ll teach you to dance… – su voz era tan dulce. No me importaba la gente que hubiera alrededor, era como si estuviéramos en nuestro propio mundo y nos movíamos al ritmo de la melodía que salía de los labios de Niall.

-Eyes on you, eyes on me, we’re two in this ride… Cause lovers dance when they’re feeling in love. – Niall se separó un poco de mi oído y sonrió. Era genial estar allí así, con él, en ese momento. Le devolví la sonrisa y él me apartó un mechón de pelo de la cara, mi pelo nunca estaba donde tenía que estar. Sin embargo no volvió a colocar su manos en mi cintura, si no que me acarició la mejilla y se fue acercando poco a poco. Cerré los ojos, notando su aliento en mis labios, para después sentir sus labios cálidos apoyándose en los míos.

Nuestro primer beso.

Espero que os haya gustado =D sé que es más largo que los relatos que subo normalmente y también un poco más empalagoso jaja 

Comentad y me sacaréis una sonrisa =)

Os pongo el link de la canción que canta Niall, es “All About Us” de He is We http://www.youtube.com/watch?v=R7Gf2SOmz5Q

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