Library pictures

El olor a libros. Siempre me ha gustado abrir un libro, ya sea viejo o nuevo. Pasar los dedos por las hojas desgastadas, despegar las páginas. Por eso no era de extrañar que uno de mis lugares preferidos fuera la biblioteca.

Recuerdo que cuando tenía 16 años recién cumplidos decidí que haría todo lo posible por alcanzar mi sueño, terminar una novela. Me encantaba escribir, podía pasarme horas y horas imaginándome historias que después plasmaba en el papel. Así que decidí que intentaría escribir todos los días, aunque tan sólo fuera una línea. Y la verdad es que nunca lo cumplía, así que tomé la decisión de al menos pasar las mañanas de los sábados en la biblioteca, obligándome a concentrarme en escribir, porque en casa me distraía con cualquier cosa que encontraba por ahí.

Así que allí estaba, en una de las salas de estudio que tenía la biblioteca a la que siempre iba, sentada en una mesa, completamente sola. La verdad es que había poca gente estudiando porque no era periodo de exámenes, y se respiraba tranquilidad. Miré al rededor mientras sacaba unos cuantos folios en blanco y mis bolis. Era curioso. Había una persona en cada mesa, con todos los apuntes esparcidos sobre la superficie. Sin embargo yo ocupaba más bien poco espacio. Suspiré y destapé el bolígrafo. Lo que más me costaba siempre era conseguir alguna idea. Y yo que me pensaba que sería fácil conseguir inspiración rodeada de libros exitosos que habían sido escritos hacía mucho tiempo…

Entonces levanté la cabeza al oír como se movía una de las sillas. Un chico joven, tendría más o menos mi edad,  se sentó dos sillas más allá, al otro lado de la mesa. Vaya, así que ya estaban todas las mesas de la biblioteca ocupadas por alguien. Volví a intentar concentrarme en mi relato porque no había venido a ese lugar precisamente para estar prestándole atención a los desconocidos. De repente, como un rayo, se me encendió la bombillita y el bolígrafo empezó a dejar tinta sobre el papel a gran velocidad.

Al cabo de un rato no sabía muy bien como continuar el relato y llegaba a un punto en el cual me preguntaba si realmente había sido buena idea escribir esa historia o tan sólo era otra tontería de adolescente. Releí lo que había escrito y descubrí que era muchísimo mejor en mi cabeza, porque en realidad no tenía ningún sentido. Suspiré, recordando algunos libros que había leído. Lo que yo escribía no se parecía nada. Es más, me atrevería a decir que estaba cobrando un peligroso parecido con Crepúsculo. Hice una cruz al papel y le di la vuelta. Me llevé una mano a la barbilla y me apoyé en ella. Miré al chico que estaba sentado en la misma mesa que yo, y lo vi desperezarse. Bostezó y se frotó los ojos con insistencia. Se echó para atrás, inclinándose con la silla. Fruncí el ceño y apreté el boli. Que yo había ido a la biblioteca para escribir, jolín. Pero las malditas buenas ideas no se dignaban a aparecer.

-¿Te importa que te moleste un rato?

Levanté la mirada del papel, extrañada.

-No, no. – Le dije al chico dos sillas más allá.

-Te he mirado varias veces y… tengo curiosidad. ¿Qué escribes? – Me preguntó con interés, inclinándose hacia delante y apoyando los brazos en la mesa.

-Es una pregunta difícil… la verdad es que ni yo misma lo sé. Intento escribir algo bueno, un relato, una historia, algo. Pero todo lo que he escrito hoy ha sido… peor que una telenovela. Y mucho más aburrido.

-Pero… ¿Por qué lo haces? ¿Para un concurso?

-No… simplemente me gusta escribir. Y algún día me gustaría llegar a publicar un libro. Pero como siga así, se va a quedar todo en un estúpido sueño. – Dije mirando a la mesa. Esperaba que no fuera así.

-Vaya, lo tuyo sí que es interesante, por lo menos eres original e intentas llegar a ser buena escritora. – Me dijo como consuelo.

Nos quedamos callados, cada uno mirando para otro lado.

-¿Y tú? ¿Por qué vienes a la biblioteca? – Le pregunté. Ya que él me había preguntado a mí, tenía que ser amable.

-Quiero estudiar medicina, y si no vengo a la biblioteca a estudiar cada sábado, no me va a llegar la nota para nada.

-¿Estás en segundo de bachillerato?

-Sí, ¿tú?

-Yo en primero. También voy por ciencias. – Dije, así, como dato.

-¿Qué carrera quieres hacer?

Silencio incómodo. Cómo odiaba que me preguntaran eso. Sobre todo porque aún no sabía la respuesta.

-Todavía no lo he decidido. Puede que biotecnología, aunque también piden mucha nota como en medicina. Pero me gustan más otras carreras como interpretación y traducción, o psicología.

-¿Entonces por qué estudias ciencias? – Me preguntó, como todo el mundo al que le he contado mis dudas sobre qué estudiar.

-Porque se me dan bien.

-¿Pero te gustan?

-Hombre… gustarme gustarme, la verdad es que no mucho. – Le respondí con resignación.

-Menuda estupidez. Me parece ridículo que estudies ciencias cuando en realidad no te gustan, tan sólo porque se te dan bien. ¿Y entonces que harás, casarte con un hombre del que no estés enamorada solo porque se te dé bien vivir con él? La vida no es eso, la vida es caminar, tropezarse, equivocarse, caerse, pero seguir mirando al cielo. Porque si persigues tus objetivos por muchos obstáculos que te encuentres en el camino, seguirás adelante. Arriésgate por las cosas que realmente quieres, que de verdad te importan. Sacrificarías la belleza de una puesta de sol, ¿sólo porque la mosca negra sale entonces? Arriésgate a que te pique un bicho. La vida esta llena de riesgos que hay que correr para poder llegar a apreciar y contemplar verdaderas obras de arte.

-Le tengo alergia a los insectos.

-¿De todo lo que he dicho sólo te has quedado con eso? – Se rió y miró al techo. – Mira, mis padres no piensan que yo pueda llegar a ser médico. Querían que fuera por letras o sociales, y que me sacara alguna carrera de esas. En el colegio y la E.S.O. no me caractericé por sacar muy buenas notas, pero nunca suspendía. Sin embargo había una cosa que tenía clara, quería curar a la gente. Por eso me esfuerzo por estudiar y sacar buenas notas a pesar de que mis padres no confían en mí. Porque esto es lo que realmente quiero. Me lo debo a mí mismo. Y sé que si al final la nota no me da para medicina… algo morirá en mi interior. Es mi sueño. Y no me conformo con estudiar enfermería o algo parecido. Porque en el fondo de mi corazón yo sé que tengo el potencial necesario para ser buen médico. Tengo lo que se necesita para alcanzar mis sueños, para triunfar en la vida.

-Ojalá pudiera ser un poquito como tú. – Suspiré – quisiera tener todo tan claro, pero siempre he sido una indecisa.

-En realidad en tu corazón ya has decidido a qué te quieres dedicar. – Me dijo.

-¿Ah, sí? – Inquirí. ¿Qué era lo que sabía él, que no supiera yo?

Él se limitó a señalar con los ojos los papeles que tenía escritos en mi carpeta y a levantar las cejas.

Yo sonreí.

-¿Es una broma, no? Venga ya, esto es como un hobby, una afición. Nunca consigo acabar un libro, y si alguna vez logro que me publiquen alguno, no tengo ninguna seguridad de que se venda bien y a la gente le guste. Y el dinero se necesita todos los días. Jamás podría vivir solo de escribir.

-Pero puedes dedicarte a una carrera y además ser escritora.Y cuando tengas éxito, que lo tendrás, puedes dejar el trabajo. – Me aconsejó.

-¿Cómo estás tan seguro de que tendré exito? – No quería que todo fuera un farol y se las diera de simpático conmigo.

-Porque lo veo en tus ojos. Tienes una de esas miradas intensas, de la gente que nunca se da por vencida. -Me dijo mirándome a los ojos.

Suspiré, sin saber qué pensar. Me costaba tragarme mentiras, y más cuando eran piadosas. Le faltaba decirme que era guapa, y ya lo daría por mentiroso compulsivo.

-Aún no me has dicho como te llamas. – Le advertí.

-Me llamo Lucas, ¿y tú? – No sabía ni siquiera si fiarme de que ese fuera su nombre verdadero.

-Julia. – Dije, agradeciendo que estuvieramos sentados para no tener que darnos los típicos dos besos.

-¿Por qué no hacemos una cosa, Julia? Dentro de un año nos reunimos aquí, yo te digo si he conseguido matricularme en Medicina, y tú me dices si has conseguido acabar un libro y decidir qué quieres estudiar. ¿Qué te parece?

Me apoyé en el respaldo de la silla, cansada. Un año para acabar mi primera novela, de las muchas que tenía a medio escribir. Era un reto complicado, pero emocionante. Y lo de decidir qué quería estudiar…

-¿Y qué pasa si llega el año que viene y no he acabado ningún libro? – Pregunté, con el miedo de una perdedora profesional.

-Mmm…. entonces dejarás que te pique un bicho.

-¿Pero estás loco? ¡Qué soy alérgica, que si me pica un insecto me muero!

-Pues elige, acabar un libro, o morirte. A mí me gusta más la primera opción, no sé a ti…

Y tenía razón. Porque además, no escribir, no acabar nada, me iba a matar lentamente. Escribir me daba alas, me dejaba vivir mundos, historias, personas que jamás llegaría a conocer.

Le tendí la mano y el estrechó la mia, cerrando así el pacto.

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3 comentarios en “Library pictures

  1. Hi, what language do you speak? Cause you normally write in it and I was just wondering? Also you commented on one of my posts to ask me to take a picture of ‘cute placards’ I was just wondering if you could explain what you mean cause I don’t know!! 🙂

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    • Hi! I speak spanish, and I usually write most of my posts in spanish but I’m begining to write in english too so more people can understand what I write.
      Well by cute placards I mean like when you’re walking around your city and suddenly you see a placard with an original message or something like that, or maybe just paintings or sentences people write on the walls, that kind of stuff.
      I hope you understand me now and I wish you can take a pic of that! =)

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