Library pictures: because of you

Cogí aire, inspirando profundamente y llenando mis pulmones. Me armé de valor y tiré de la pesada puerta de la biblioteca. Entré e inmediatamente noté ese olor. Olor a sabiduría, a pasado y presente. Olor a libros. Caminé entre las estanterias repletas de ejemplares, algunos ya descatalogados. Cada paso que daba me acercaba un poco más a una de las pruebas que llevaba preparando un año entero. Era 12 de Septiembre. Andaba sin prisa, pero sin pausa, con seguridad. Quería llegar allí de una vez, quería enfrentarme a todo. Estaba ilusionada, impaciente. Un pelín orgullosa de mí misma. Y a la vez aterrada. ¿Qué pasa si no le gusta? ¿Qué pasa si soy una escritora pésima? Esas preguntas iban y venían a mi mente una y otra vez. Pero ya no había tiempo para nada. Había tenído 365 días, y los había aprovechado. El resultado estaba en mis manos, y lo había hecho todo lo mejor que sabía.

Poco a poco iba llegando a la sala de estudio que tan bien conocía. Sonreí tontamente. Jamás hubiera podido imaginar que aquel sábado llegaría a ser tan importante para mí. Ese último año lo había pasado encerrada entre esas mismas cuatro paredes. Para cualquier adolescente en su sano juicio, eso habría sido el infierno. Pero no para mí. Había sido genial, no lo habría cambiado por nada. Bueno, por un contrato con una editorial, quizás sí….

Entonces lo vi, sentado en la misma mesa de siempre, entre dos estanterías. Estaba leyendo un libro, y se le veía bastante concentrado. A pesar de estar apoyado en la mesa, sujetaba la portada del libro con la mano izquierda, y con la otra pasaba las páginas con calma. No recuerdo cuando me di cuenta de que Lucas me gustaba, porque eramos muy amigos. Pasabamos cada sábado juntos, y algunas veces ni siquiera hablabamos, pero el silencio era suficiente para unirnos. Me gustaba su forma de pensar, su determinación. El valor con el que defendía sus sueños. Y la forma en que sonreía, cerrando un poco los ojos. Apenas se notaba que tuviera un año más que yo, y me divertía mucho con sus tonterías.

-Hola – dije sonriendo, colocándome al lado de Lucas.

-Hey, estás aquí. – Respondió él, cerrando el libro y poniéndose de pie, en frente de mí.

Miré la encuadernación que llevaba en mis manos, y se la mostré a Lucas. Él sonrió.

-Al final lo has hecho. – Dijo, cogiendo mi libro. Y se quedó allí, parado, sin hacer nada, mirando la contraportada.

-Vamos, ¿a qué esperas? Ábrelo.

-Es que… yo quería que te picara un bicho… – Dijo con voz de niño pequeño.

-¿Quieres que me muera? Muy bonito eh… – Él levantó la cabeza y me miró con una sonrisa – anda, venga, que no sabes ni como se titula. Ya me picará un bicho y me moriré cuando salgamos de la biblioteca.

Lucas giró por fin el libro encuadernado de la copistería de mi barrio y leyó el título.

“Library Pictures”. – Me miró alzando una ceja. – ¿En inglés? Por favor… Ni que por ponerle un título en español se te fueran a caer las manos…

-Y tú no te vas a quedar ciego por leer dos palabras en inglés, así que calla y lee.

Y leyó el primer capítulo allí mismo, sin rechistar. Simplemente alzó la mirada del libro, y posó sus ojos en mí.

-¿Qué? ¿Te gusta? – Preguntaba yo impaciente.

-No me puedo concentrar si estás por aquí incordiando como un moscardón. Además… ¿No tienes nada que preguntarme? – Me preguntó él, imitando a los gallegos.

-¿Eh? Claro, que si te gusta el principio o no. – Respondí, fijándome únicamente en mí. No pensando en Lucas.

-El trato tenía dos partes, tu escribías el libro, y yo te decía otra cosa. – Dijo, un poco triste porque yo solo me acordaba de mi parte.

-¡Es verdad! Lo había olvidado, perdona. ¿Lo has hecho? ¿Te has matriculado en medicina?

Él cerró mi libro y se sentó en una de las sillas que había en “nuestra” mesa.

-Sí, pero eso no importa. – Dijo cabizbajo, bajito.

-¡Claro que importa! No seas tonto. Eres genial, ¿qué has sacado en selectividad, un 14? – Dije orgullosa de él.

-¿Qué más da? Aunque hubiera sacado un 20 tú nunca… no…

-¿Yo qué?

-Da igual, déjalo. – Y acto seguido abrió mi libro e hizo como que leía. Pero realmente no estaba leyendo porque sus ojos no se movían.

Había pasado tiempo desde la última vez que nos vimos, antes de que nos fuéramos de vacaciones, yo a la playa y él al pueblo. Y se podía decir que muchas cosas habían cambiado entre nosotros. Ya no era igual que antes, no me trataba como siempre.

-¿Qué te pasa, Lucas? – Pregunté preocupada. No quería que nuestra amistad se acabara ahí.

-Nada, ¿qué me va a pasar? – Contestó, sin levantar los ojos del papel.

-No sé, dimelo tú. – Dije sentándome en la silla en frente de él.

Lucas apretó las mandíbulas y echó el aire que contenían sus pulmones por la nariz.

-Es que… te veo distinta. Más… no sé. – Sus ojos por fin se dignaron a mirarme.

-¿Morena? – Me reí. Como si hubiera cambiado tanto en poco menos de dos meses.

-Madura.

-Que no soy una manzana, eh…

-¿De verdad? Porque las cosas de Apple te gustan demasiado. A lo mejor te has metamorfoseado y todo.

-Y tú te has convertido en una BlackBerry, no te digo. Por lo menos yo estoy más buena que tú. – Dije para picarle.

-Uy sí, sobre todo cuando te pones roja. Porque verde… no me gustas demasiado. – Los dobles sentidos y las indirectas eran su especialidad.

Y como no, me puse roja.

-Anda, lee de una vez. – Le dije mirando para otro lado, para que no se me notara tanto lo roja que me había puesto.

-¿Quieres que me lo lea entero ahora mismo? Ya sé que soy listo y tal, pero no soy un rayo. Si me lo dejas, en una semana te digo que me parece.

Cuando volvimos a vernos además de mi libro, traía una carpeta.

-Es una crítica que he hecho. Ya sabes, de las cosas que me parecen que se pueden mejorar, o de lo que no me ha quedado muy claro… – Me explicó, entregándome la carpeta.

Y menuda crítica. Me destruyó todo el argumento, la historia, los personajes, los lugares y escenarios… en tan solo 11 folios. Mientras lo leía estábamos sentados en el suelo, en un rincón, apoyados contra la pared. Como era principio de curso no había casi nadie en la biblioteca y menos dónde nosotros estábamos.

-No quiero que te lo tomes a mal, ¿vale? Lo único que quiero es ayudarte. – Me dijo al ver la cara que ponía cuando acabé de leer el primer folio.

Fruncí el ceño, concentrándome. ¿Tantos errores había cometido? ¿Cómo no había sido capaz de verlos? Cuando acabé de leer todo me sentía desilusionada. Con un vacío en mi interior. Ya no tenía nada. Mi primera novela, la primera que conseguía acabar, tirada por la borda. Me sentía triste, sin valor como escritora. Y a la vez estaba cabreada conmigo misma. Esperaba ser un poco mejor que eso.

Ordené los folios que había esparcido por el suelo, y entonces Lucas me abrazó.

-No es que no me guste que me abraces, pero ¿a qué viene esto? – Dije confundida.

-Sé cómo te sientes cuando te quitan todo, cuando te das cuenta de que tu obra maestra está llena de agujeros y no es nada.

-Vaya, gracias por recordármelo.

-Lo siento. – Dijo disculpándose por todo el daño que me había hecho al abrirme los ojos.

-No pasa nada – apoyé mi cabeza en su hombro, preguntándome si esto era un sueño o una pesadilla.

-Chicos, ¿qué hacéis ahí tirados en el suelo? – Una bibliotecaria vino a colocar varios libros donde estábamos.

Nos levantamos y miré el reloj, me tenía que ir ya a casa. Recogimos nuestras cosas y salimos a la calle, donde nos separábamos, vivíamos en direcciones opuestas.

-Gracias por leerte el libro. – Dije, poniéndome en frente de Lucas y dándole un abrazo. No me apetecía nada separarme de él.

-No es nada. Por cierto, hablando del libro – él se acercó un poco más a mí, inclinó un poco la cabeza y me besó. Cerré los ojos, degustando el momento. Después de un rato nos separamos. – Esto es por mi personaje. Porque me gusta que te inspires en la realidad para escribir.

Depositó un suave beso en mi mejilla y se fue andando lentamente. Yo me quedé allí parada, pensando en todo lo que había pasado durante el día. Lo vi alejarse, con mis ilusiones de ser una escritora de éxito. Y con mi corazón.

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