El universo paralelo de los bolis perdidos

El instituto.

No es un trabajo, pero son ocho horas de responsabilidades y sufrimiento no remunerado. Y cuando te lo pasas bien y te echas unas risas con tus amigos, los profesores te echan la bronca cual ogro malhumorado por no prestar atención en clase y ser feliz. Parece que su tarea más que enseñar sea asegurarse de que no disfrutamos. Es una pelea constante, ya sea con adultos de bata blanca que nos regañan como si fueran nuestros padres y nos ponen deberes y exámenes como si no hubiera un mañana; o con los que tienen la misma edad que tú.

Primer día de clase: pelea por los sitios, y después por conservarlos. Pelea en las votaciones, tanto para las habitaciones en viajes como por las fechas de los exámenes. Y en cuanto te das la vuelta te desaparecen hasta los bolis bic… ah, no, que estaba debajo del libro.

Profesores que jamás olvidaremos, algunos por lo que nos enseñaron y la visión del mundo que nos mostraron, otros porque nos sorprendieron con su cercanía, y otros a los que jamás querremos volver a ver.

Notitas que pasan de mano en mano y cuyos dueños no respiran tranquilos hasta que comprueban que han llegado a su destinatario; montoncitos de goma de borrar apilada en las mesas; sacapuntas buscados y ansiados que nadie tiene; tizas voladoras que se convierten en proyectiles y misiles; ventanas que poco a poco van perdiendo el papel translúcido del que estaban forradas; avioncitos, ranas saltarinas y comecocos, papiroflexia con mensajes escondidos; carcajadas en mitad de la lección, chistes que nos mandan al pasillo; susurros, dibujos en las mesas; miradas que se cruzan durante unos segundos y sonrisas anchas de amigos que se van a convertir en algo más; mesas usadas como instrumentos de percusión; apretones de mano, codazos en las costillas, collejas y abrazos de gente que consideras tus hermanos; y mucho más.

Lo que ocurre entre esas cuatro paredes, en cada pasillo y cada tramo de escalera, no es fácil de explicar, pero sí de sentir, y cuando abandonas el instituto para pisar otro suelo distinto te das cuenta de que en ese pequeño universo que has dejado atrás no sólo se han quedado los bolis perdidos misteriosamente, también una parte de tu vida que te ha hecho ser quien eres.

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8 comentarios en “El universo paralelo de los bolis perdidos

  1. El instituto… Atrás quedan esos años en los que reíste, lloraste y pasaste apuros para aprobar que, comparados con la universidad, no son nada. Pero en su momento, te parecía un auténtico infierno.
    En el instituto conocí a los amigos con los que hoy en día comparto mis sueños e incertidumbres. Y aunque mi estancia en ese centro académico no fue muy grata en cómputo, si no hubiese sido por él, jamás habría conocido a estas personas que hacen mi vida más fácil.

    PD: ¿vas al instituto? Por cómo escribes, creía que eras mayor 😀

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