Miradas

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“Una imagen vale más que mil palabras”.

Nunca me he creído eso. Puedes malinterpretar una escena, y te pueden mentir. Las miradas son más difíciles de fingir, aunque cuesta descifrarlas. Hay personas que tienen una forma de mirar al mundo, de mirarte a ti, distinta, especial, y cuando la encuentras es como si uno de los muchos enigmas de la vida se resolviera. Como si te dieras cuenta de que vale más la pena mirar a través del agujero de la cerradura que intentar abrirla. Te agachas, cierras un ojo y descubres lo que se escondía allí dentro. Un tesoro, una persona. O quizás se te acelere el corazón cuando te encuentres un ojo inquisidor observándote desde el otro lado.

No me gusta la retórica, ni tampoco las frases que todo el mundo copia. Las palabras son engañosas, son la capa bajo la que todo el mundo se esconde. Y los actos también. ¿Demostrar cosas? Di mejor fingir sentimientos, ser actor en esta gran función que es la vida, en la que a cada uno se le asigna un papel al azar y si no lo quieres te toca luchar por cambiarlo.

Pero las miradas son lo último en lo que se fija la gente, lo único que nos queda sin ser controlado, sin ser usado para el engaño. La mirada es la confesión del alma, el único medio que tenemos para ver un poco más allá, para adivinar lo que se esconde de las imágenes y de las palabras, lo que es capaz de enfrentarse a todo en un acto de rebeldía. Lo que está dentro del corazón.

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