Capitulo 7

Capítulo siete.

El ruido del despertador me estaba perforando los tímpanos. Lo conseguí apagar después de estar varios minutos forcejeando para quitarme la sábana de encima. Me tiré en la cama. Estaba rendido. Pasarse la mayor parte de la noche intentando no llorar no era la mejor forma de descansar. Y tampoco me sentía mejor por no haber llorado. Abrí la puerta de par en par justo cuando Lucy dejaba el baño libre. Pero, ¿cómo podía levantarse una hora antes que yo solo para arreglarse? Abrí el grifo y me metí en la ducha cuando empezó a salir agua caliente. Me quedé un rato inmóvil debajo del chorro de agua. Miércoles. No odiaba los miércoles, pero tampoco me entusiasmaban. Odiaba los lunes, pero adoraba los viernes. Sin embargo los miércoles… No me producían ningún sentimiento. Ningún sentimiento. Esas palabras rebotaron en mi mente dejando un gran vacío. Los miércoles eran como mis padres. Terminé de ducharme y me vestí. Bajé a desayunar y me encontré con Lucy. Eran pocos los días que desayunábamos juntos, generalmente porque no nos levantábamos a la misma hora. Y también porque no nos alegrábamos de desayunar juntos.

-¿Solo fruta? – Le pregunté mirando su plato, ocupado por una simple manzana.

-Es que no me entra nada más tan pronto.

La observé mientras pelaba la manzana. Ojalá que no se estuviera convirtiendo en una de esas estúpidas chicas que hacen dieta aún estando delgadas. La palabra anorexia y mi hermana no pegaban.

-¿Cenaste ayer? – Me preguntó la mirada asustada de mi hermana. – Lo digo porque si te zampas todo eso… – Miró con expresión de pánico mi plato repleto de comida. Un sándwich de tres pisos, un poco de jamón y un melocotón. Se asustó aún más cuando me vio levantarme y poner en la mesa un bol lleno de cereales y leche. – Yo vomitaría – dijo mientras se metía un trozo de fruta en la boca.

-Ya lo sé. Tu y yo somos muy distintos.

Realmente muy distintos. Ella no…

-Me voy – dijo y se levantó. Tiró la piel al cubo de la basura y dejó el plato en el fregadero. Se quedó durante un instante parada en medio de la cocina mirándome, dudando si darme un beso o no. – En fin, hasta esta tarde. – Decidió no dármelo. En casa no éramos muy cariñosos. Bueno, no eran muy cariñosos conmigo. Acabé de desayunar y justo entonces sonó un claxon. Me asomé por la ventana y comprobé que no era Judy. Era Matt y Colin ya se había subido al coche. Subí corriendo a por mí mochila y les saludé con un <<¿Cómo va eso?>>.

-Mal. ¿Te has empollado el de sociales? – Preguntó Colin. La ansiedad se reflejó en mis ojos. – Tío, ¿no te lo has estudiado?

Mierda. Ayer se me olvidó que después de cenar tenía que estudiar. Ni siquiera cené. Se me fue por completo.

-No. Se me olvidó.

-¿Tú olvidándote de estudiar? Vaya, esto es nuevo.

-No tiene gracia Colin. Si cuando me mato a estudiar apenas llego al seis. Ya sé que nota voy a sacar, un menos cuatro.

-Piensa que podría ser peor. Tu por lo menos tienes a Samanta. – Dijo Matt. Por lo visto seguía hecho polvo. Fruncí el ceño. ¿Qué yo tenía a Samanta? En realidad ni me importaba. Encima teníamos el examen a primera hora. Me desesperé. Llegamos al insti y nos despedimos de Matt. Cuando entramos en la clase el profesor ya estaba repartiendo los exámenes aunque solo había tres personas. Nos sentamos con desgana. Miré a Samanta, sentada en primera fila y un escalofrío me recorrió la espalda. No me gustaba que me besara. Y, a la vez, me gustaban sus cálidos labios. Miré el examen. Acertaste, Henry. Un menos cuatro es lo que sacarás. El boli se movía con lentitud sobre la hoja.

-Bien, chicos. Os podéis marchar. – Comunicó el profesor cuando hubo recogido todos los exámenes.

Salimos al pasillo y nos dirigimos hacia el gimnasio. Sam no coincidía en mi clase de gimnasia. No me había saludado al salir del aula de sociales. Tampoco me importó mucho.

-Como todos sabéis, este curso es muy importante. Todo lo que suceda durante este trimestre influirá en el transcurso de vuestras vidas. No lo podéis controlar, pero sucederá. – Dijo el profesor Benson. – Ojalá que suceda. – Murmuró unos segundos más tarde como para él mismo. – De momento haremos lo mismo que otros días, dividíos por grupos.

Busqué con la mirada al grupo de los veteranos. Allí estaban, Anthony, Marc, George y Adam.

-¿No te hacen gracia esos pardillos, que todavía no lo han conseguido? – Preguntó Marc con un gesto de cabeza.

-No los llames pardillos. Ese es un término demasiado honorífico para ellos. – Repuso Anthony.

Bostecé. Siempre la misma historia. Ellos no tenían tanto mérito como creían, ya se habían transformado porque eran repetidores, allí el único rarito que se transformó antes de tiempo era yo.

-¿Qué tal? – Me preguntó George. Era el único amable.

-Como siempre. – Contesté. Sí, era majo, pero no le podía contar mi vida como a Colin.

Observamos un rato en silencio como el profesor les enseñaba a hacer otros ejercicios que potenciaran diferentes músculos. Él creía que así alguno saltaría y pasaría por fin.

-Bueno, hoy vais a hacer una muestra más pública de vuestra fuerza. Boxeo. – Dijo cuando acabó con los demás.

Genial, eso me divertiría un poco más que estar controlando mi fuerza todo el tiempo. Miré alrededor buscando los guantes.

-¿Qué buscas, Hall? – Preguntó Anthony.

-Los guantes.

-¿Para qué? No los vas a usar. – Dijo Marc. – Venga, empecemos de una vez. – Y empezó a dar pequeños saltos preparándose para la pelea.

Uh, uh. Pensé instintivamente. No me preocupaba que me hicieran daño, estaba seguro de que los podría esquivar fácilmente, aunque ellos eran más mayores que yo, yo llevaba años controlándome. Lo que no me gustaba en absoluto era ver la cara que pondría Colin. Y esta vez no quería usar mi fuerza mínima, quería ir a por todas, entrenar de verdad, como los otros.

-Primero Anthony y Adam. – Dijo George.

Suspiré aliviado, por lo menos no sería el primero en sorprender a los demás. Al momento los dos se pusieron uno en frente del otro. Marc contó hacia atrás desde tres. Vi como cambiaba el semblante de Adam. Anthony era el cabecilla de los cuatro, el más fuerte. Pero en ese momento el que más miedo daba era Adam. La verdad es que no sabía mucho de su personalidad, dado que nunca hablaba, no sabía si era agresivo o no. Pero en ese mismo momento tenía la misma cara que un Rottwailer a punto de romperte la yugular. Habría asegurado que le salía espuma por la boca, y no era a causa de un ataque epiléptico. Empezaron a pelear. Adam daba puñetazos muy fuertes, pero Anthony los conseguía esquivar en el último momento. En un momento dado Adam le propinó un gancho en plena mandíbula. Se oyó el crujido. Apreté los puños y crucé los brazos. ¿Por qué teníamos que hacer eso? Solo éramos adolescentes. En clase de gimnasia. Y que yo supiera si un inspector nos pillaba haciendo boxeo en un instituto…Solo porque no fuéramos humanos corrientes no teníamos porqué luchar. Adam estaba a punto de darle otro puñetazo cuando Anthony le golpeó en el estómago con todas sus fuerzas. Ni se movió. Adam solo permaneció parado unos segundos, aunque se veía claramente que Anthony no podía ni mantenerse en pie. Aguantaron unos minutos más y entonces Adam derribó a Anthony con un puñetazo en el estómago. Anthony fue directo a la pared. Se golpeo contra ella y un poco de sangre asomó desde su boca. Podría decir que me mareé, o que me dieron ganas de vomitar, pero mi cuerpo estaba sereno. Y no deseaba que mi anatomía estuviera preparada para ver eso, y mucho menos para soportarlo. No quería luchar. Pero debía hacerlo. Por conservar la poca dignidad que tenía.

-Henry, te toca. Con Marc. – Dijo George.

Nos situamos uno frente al otro. Las manos no me temblaban, pero deseé que lo hicieran. Miré a Marc. Tenía esa mirada. La típica mirada de “lo siento tío, pero vas a acabar sangrando en la enfermería”. Suspiré relajándome y liberando toda la tensión. Me coloqué en posición. En este caso fue George el que contó hasta tres, y justo cuando llegó al uno se oyó un potente grito. Los dos cerramos los ojos a causa del dolor. Nuestros sentidos estaban tan alerta que ese grito nos había taladrado y perforado por dentro. Estábamos desorientados así que miramos alrededor y descubrimos que el que había chillado era Colin. Estaba de rodillas en el suelo agarrándose el antebrazo como si se estuviera muriendo. Todo el mundo lo miraba con expectación. Quizás fuera la señal. El profesor se dirigió a él con cuidado y tras palparle el brazo repetidas veces proclamó con desgana:

-¡Es un tirón! Henry, acompáñalo a la enfermería.

Todo el mundo suspiró con desilusión. Yo también, pero me alegraba por no tener que combatir contra Marc. Aunque me sentía mal. Tendría que seguir sin compartir con Colin mis experiencias.  No es que no le pudiera contar todo lo que me pasaba, pero no era lo mismo. No le podía contar a la ligera que me convertía en un monstruo cuando a mi cuerpo le venía en gana. Él ya lo sabía, pero nunca hablábamos sobre eso. Tampoco es que le horrorizara, pues en su familia pasaba lo mismo, pero nunca hablábamos sobre eso. Él tampoco tenía curiosidad, algún día le llegaría su hora.

Todo el camino hacia la enfermería estuvimos en silencio. Él no decía nada porque estaba demasiado ocupado aferrándose a su antebrazo, y yo porque mi mente solo veía a Adam el Rottwailer. Llegamos a la puerta, di un suave golpecito y abrí. Había una vieja enfermera sentada leyendo un libro.

-Disculpe, a mi amigo le ha dado un tirón. – Dije a la vez que miraba por encima de su hombro. El libro era de medicina, por lo que no entendí nada.

-En el antebrazo, ¿verdad? – Respondió aún sin girarse. Levanté una ceja. ¿Cómo lo sabía? O tenía ojos en el cogote o era adivina. Cuando hubo acabado de leer la página, se levantó y fue directa hacia un armarito. Cogió un espray y tendió una mano hacia Colin. Él la miró con recelo, pero finalmente le tendió su brazo. Le extendió el líquido, guardó el bote y nos miró con concentración. Probablemente nos estaba escrutando para saber si era mentira lo del tirón.

-No arméis follón ni gritéis, estas cosas pasan, es el destino de cada uno. Y es muy natural. – Dijo con cara seria pero voz amable.

Colin y yo nos miramos extrañados. ¿El destino de cada uno es que le dé un tirón en el antebrazo? Y, ¿por qué íbamos a gritar? Esa mujer era muy rara, sentenciaba todo de una manera… Con un ademán nos indicó que habíamos pasado el test del polígrafo y que podíamos sentarnos en las camillas. Corrió una cortinilla y Colin y yo nos quedamos casi a solas. (No del todo ya que la enfermera podía oír nuestras conversaciones). Observé las paredes y miré decepcionado a Colin, ni una ventana, ni un mísero cuadro. Solo aburridas fotos de plantas de medicina. Ni siquiera había el típico cuadro con todos los universitarios de la promoción. Colin se miró el brazo, suspiró y se bajó la manga de la camiseta. Hacía bastante calor en una sala cerrada, y no entendí por qué Colin se bajó la manga. Yo llevaba una camiseta de manga corta y aún así me estaba asando. De pronto la enfermera descorrió la cortina y nos miró.

-¿Queréis que encienda el aire acondicionado? Ya empieza a ser verano. – Y nos mostró una sonrisa son arrugas en los laterales. La miré. Otra vez lo había adivinado. – Ya está cerca. – Dijo y miró a Colin con un brillo extraño en los ojos. Supuse que se refería al verano o algo así. Oímos el pitido que indicaba que nos íbamos a morir de frío y cerré los ojos. Nunca me habían gustado los aires acondicionados. Morir de calor no era una buena opción, pero lo prefería. En cuanto encendían el aire acondicionado estaba asegurado que iba a tener un catarro. Todo el mundo seguía sudando mientras yo me convertía lentamente en un cubito de hielo. Me tumbé en la camilla para ver si así no me llegaba tanto aire frío, pero fue inútil. Colin estaba embobado mirando un punto de la pared. Me pregunté si estaría enamorado y no me lo habría dicho.

-¿Qué tal con los veteranos? Todos hemos visto como Anthony quedaba hecho papilla.

Me senté en la cama. Colin seguía mirando a la pared. ¿Qué era eso que se percibía en su voz? ¿Era miedo? No podía ser. ¿Me estaba preguntando si iban a hacer lo mismo conmigo o si yo iba a machacar a alguien? Suspiré, posé las palmas de mis manos sobre mis ojos y me volví a tumbar en la camilla con los codos separados. Era Colin, joder. Se suponía que se lo podía contar todo.

-¿Quieres saber una cosa? Me alegro de que te haya dado el tirón. – Se giró y puso una cara extraña. Me apresuré a aclarar – No es que me alegre de que te duela, pero no quería pelear. Yo no quiero boxear con ellos, ¿sabes Colin? Soy un chico normal de diecisiete años y…si para medio mundo soy un monstruo…Yo… – Lo miré y noté los ojos húmedos. Torció la boca.

-Sabes, yo debería ser el que está a punto de ponerse melodramático. – Su sonrisa triste no hizo más que aumentar la agonía. Nos abrazamos y posé mi mano en el antebrazo que lo había dado el tirón. Noté algo raro. Colin también. Se subió la manga de la camiseta lentamente y su antebrazo quedó al descubierto. Con un pequeño cambio, tenía pelo, mucho pelo. Colin no era muy peludo. Nos miramos a los ojos con una mezcla de alegría, miedo y emoción. Le di un apretón en la otra mano. En ese momento la enfermera corrió la cortinilla y acompañó a Colin hasta conserjería. Se iría a casa para el gran momento.

Colin ya era uno de los nuestros.

 

uooooOOooo!!! Espero que os haya gustado!! El gran momento de Colin!! aahhh!!! Que pasara?? Como sera?? =)
Se que es un poco raro y misterioso, pero espero que lo averigueis todo por vuestro sexto sentido!! ^^
Gracias por leerlo!! Se os quiere gente!!

Capitulo 6

Capítulo seis.

Levanté la vista del cuaderno y miré el reloj de pared. Aún faltaban veinte minutos. La hora de estudio se me estaba haciendo larguísima. Le lancé una rápida mirada a Colin y comprobé que estaba medio dormido mirando la pizarra. A ninguno nos entusiasmaba desperdiciar la hora estudiando, preferíamos aburrirnos sin hacer nada. Me pregunté que estaría pensando. A Colin todavía no le gustaba ninguna chica. Jerry y yo ya hacía tiempo que pensábamos en esas cosas, pero él seguía siendo como un niño. Cumplía los años unos meses más tarde que yo pero cuando lo mirabas a los ojos podías sentir su inocencia. Cuando mirabas esos ojos color otoño podías seguir viendo a ese niño de cinco años. De alguna manera me daba miedo. Él era tan perfecto, tan sincero. Me daba miedo que estuviera conmigo. Yo podía herirlo sin querer. A veces llegaba a estar meses enteros preocupado por él, pero entonces llegaba y soltaba: “¿Me dejas los deberes? No los hice ayer. ¡Ah! Y si te preguntan algo mis padres diles que fui a tu casa, no quiero que sepan que me pasé toda la tarde en las pistas practicando.” En esos momentos parecía que yo era el hermano pequeño, bobo e idiota por quedarme a hacer los deberes mientras él estaba con su monopatín. Sus dos personalidades, la rebelde y la infantil, se complementaban de una forma tan natural que era incluso raro. Fruncí el ceño. ¿A que venían estas reflexiones tan profundas? ¡Pero si era Colin! Simplemente el idiota de Colin. Seguí rayando la hoja. Un momento. Me cabreé. ¿Había escrito el nombre de Luna unas diez veces? Tenía que dejar de pensar en ella. Se suponía que estaba saliendo con Samanta. No podía ir por ahí escribiendo otros nombres que no fueran el suyo. Suspiré. Arranqué la hoja. Intenté dibujar algo que no fuera Luna. Me salió un retrato bastante penoso de Colin. Cerré el cuaderno y lo guardé en la mochila. El resto de la clase me la pasé mirando por la ventana. Afortunadamente el aula auxiliar 103 daba al patio. Los de primero estaban jugando un partido de voleibol bastante penoso, pero era mejor que nada. Sonó el timbre y todos salimos corriendo al pasillo. Si te quedabas más de cinco segundos en la clase el profesor Thriller creía que te interesaban sus clases y se pasaba el resto del trimestre hablando contigo. No solo era humillante, era agobiante. Tener pegado todo el día a un profesor no es que fuera muy agradable. Solo oías cosas sobre el colegio una y otra vez. Y por si fuera poco ninguna chica se te acercaba. Bueno, nadie se te acercaba. Mientras metíamos los libros de la taquilla en la mochila Jerry mascaba chicle. Siempre lo hacía cuando estaba orgulloso de él. Lo miré levantando una ceja y me mostró una ancha sonrisa.

-¡Si! ¡Al fin ha caído! Tío, me ha costado lo suyo, pero ahora todo está en su lugar. Seguí vuestro consejo y me acerqué a ella después del partido. Le dije “Bueno, nena, ¿Qué te ha parecido?” Soltó una risita y le pregunté que si le apetecía que quedáramos un día. – Se cayó y Colin y yo lo miramos interrogándole. – Venga, tíos, no me digáis que necesitáis saber lo que me contestó. – Hizo otra pausa y pareció exasperado. – ¡Qué sí!

-¡Aaaah! – Contestamos los dos para picarle. Nos echó una mirada furibunda. De pronto los tres empezamos a reír. Nuestros enfados duraban poco. Me alegré de que no hubiera ningún mal rollo entre nosotros. La semana pasada Colin había estado un poco cabreado por lo de Luna. Pero ahora todo volvía a la normalidad.

-Eh, podríamos organizar una cita doble. – Le propuse a Jerry.

-¿Y yo qué? – Nos recriminó Colin. – Genial, os echáis novia y a mí que me zurzan.

– Vamos a quedar. ¿Sabes que vas a hacer tu? – Preguntó Jerry mientras le ponía un dedo en el hombro a Colin. – Vas a ligarte a alguna de esas chicas que hay donde practicas con el monopatín.

-Idiota, van allí a ver a sus novios. Todas tienen pareja. – Contestó con mirada de asco.

-¿Todas? Venga ya. Seguro que hay alguna que está ahí acompañando a una amiga.

-Pues dime donde está, porque yo no veo a ninguna así.

-No buscas. Os dejo, tíos. Tengo entrenamiento. – Jerry se fue con su mochila colgada de un hombro y sus pantalones rotos. Vi como una cuantas chicas de otros cursos lo miraban. Jerry tenía montones de admiradoras. ¿Su chica? Otra admiradora. Colin y yo siempre nos quejábamos de no ser como Jerry. Pero no todos podíamos ser una mezcla perfecta de Leonardo DiCaprio, Einstein y Brad Pitt. Bueno, la verdad es que no sabía ni que famosos eran los más guapos, pero era listo y atractivo. Mi hermana una vez me dijo que lo había visto en una foto y era igualito a Taylor Lautner. Me sorprendí bastante al ver su poster. ¿Mi madre no le había dicho nada? ¡Pero si tenía a un tío sin camiseta mirándola desde la puerta! …He de reconocer que estaba bastante celoso. Si las chicas pensaban que Jerry se parecía a ese tío, ya estaba tardando en apuntarme a rugby. Dudaba mucho que mi amigo fuera igual que ese famoso sin camiseta. Que yo supiera, el nunca hacía demasiados abdominales. Decidí controlar a partir de ese momento cuantos abdominales hacía Jerry. No iba a dejar que tuviera tanta ventaja, Luna a veces iba a verle a los partidos y…¿Luna?¿Qué mierdas hago yo pensando en Luna? Si la que me tendría que preocupar es Sam, pensé. Entonces una muralla se derrumbó dentro de mí y una vocecita surgió de pronto. Pero es Luna la que siempre ocupa tus pensamientos, no esa novia tan fantástica que tienes. Me revolví el pelo con aspecto sombrío.

-¿Qué te pasa? Estas raro últimamente. Bueno, ¿Qué, nos vamos? – Colin me miró como si fuera un extraterrestre o algo así. – No querrás hacer una muestra pública de tu amor con Sam, ¿verdad? – La mirada suplicante de Colin me hizo gracia. Le daban asco las parejitas acarameladas. De repente me asaltó una tristeza impresionante. Él nunca nos vería a Luna y a mí acaramelados. Apreté los puños. ¿Por qué era tan estúpido? Todo podía haber salido bien, Luna y yo podríamos haber sido novios, pero no. ¿Por qué? Porque era peligroso y malo para ella. Deseé poder darle un puñetazo a la pared, pero no lo hice. No quería romperme la mano, y tampoco que Colin me mirara todavía más raro. Solté un bufido y fui andando rápido hacia el coche de Matt Mathews. Colin me seguía con dificultad. Me monté en el asiento del copiloto y él en el de atrás. El único sonido que se escuchó durante todo el camino hacia casa fue la radio. Por lo visto Matt y su novia habían roto y el ambiente de tensión se podía tocar. Ni Colin ni yo queríamos meter la pata, así que estuvimos en silencio.

Cuando llegamos a casa nos despedimos. Entré en la cocina, cogí un zumo y mi plato de comida y lo subí todo a mi cuarto. Nunca comíamos juntos. Papá y mamá trabajaban hasta tarde y Lucy comía viendo la tele. Cerré la puerta de mi cuarto y tiré la mochila al suelo. Encendí el ordenador y comí mientras navegaba por internet. Estudié un poco y antes de que vinieran papá y mamá bajé al salón y vi la televisión. Lucy bajó a preguntarme una cosa sobre matemáticas y después cogí un poco de comida del frigorífico y la subí a mi cuarto. No me gustaba comer con ellos. No es que no fuera familiar, pero de las pocas veces que había cenado con ellos ninguna me había gustado. Había un ambiente tan tenso que poco a poco te asfixiabas. Lucy era muy natural y siempre estaba alegre, pero no notaba lo que ocurría entre papá, mamá y yo. O si lo notaba le daba igual.

Mi estómago se encogió al oír la puerta de la entrada. Ya habían vuelto de trabajar. Apreté los ojos con fuerza. Todavía sentía esa sensación crecer dentro de mí cada vez que estaban en casa. De pronto se me pasaron las ganas de comer. Estaba acostumbrado a cenar solo oyendo sus voces en la cocina, pero de vez en cuando volvía a recaer y no podía ni probar bocado. Dejé el tenedor en el plato y me tumbé en la cama con las manos sobre los ojos. Vamos Henry, ¿no te irás a poner a llorar a estas alturas de tu vida? Sentí como si algo me estuviera golpeando el estómago y me aovillé. Aunque ellos nunca subían a decirme que ya estaban en casa ni a darme las buenas noches, el miedo se apoderó de mi. Sentí como el pánico ascendía desde mis pies hasta mi garganta. La visión de la puerta me estaba machacando, así que me tapé con la sábana y apagué la luz. Empecé a sudar a causa del calor que hacía, pero seguramente eran todo imaginaciones mías. Vi la luz colarse entre las rendijas de la puerta. Cuando por fin todo estuvo sumido en la oscuridad y el silencio me tapé hasta la cabeza y me cubrí la cara con las manos. No me sentía a salvo ni aunque lo único que se me viera fuera el pelo. Vivir en la boca del lobo no era muy agradable. De repente me entraron ganas de reír. ¡Pero si yo soy el lobo! Pero no me hacía gracia.

Os aviso que tardare en subir el proximo capitulo porque me ha costado mucho escribir este y no tengo mucho mas escrito. Espero que os guste!! La historia se va poniendo ya interesante !! xD

Capítulo 5 (de “Sunshine School”)

Capítulo cinco.

Henry Hall

Suspiré al ver a Samanta. Estábamos bien hasta que nos cruzábamos con Colin o Luna. Entonces yo me sentía como una rata asquerosa y todo se volvía gris. ¿Por qué? Luna era una buena chica, inteligente y guapa. Pero todo empezó cuando teníamos cinco años. Nos mudamos a la casa de enfrente a la de la familia Bell. Colin y yo en seguida nos hicimos amigos, y Lucy y Luna igual. Pero nunca nos dejaban jugar los cuatro juntos. Era por mí. Ni siquiera ahora papá y mamá me dejaban pasar mucho tiempo con Lucy. Recuerdo perfectamente ese día. Era verano. El seis de julio. Yo estaba jugando con Colin en el jardín mientras nuestros padres tomaban limonada en el porche. Nunca había visto a Luna de cerca ya que no me dejaban acercarme a ella. Pero ella no tenía ni idea del por qué. Tenía tres añitos. Bajó las escaleras del porche con dificultad. Colin y yo estábamos excavando en el jardín imaginando que éramos piratas en busca de un tesoro. Ella se acercó y me puso una manita en el hombro. Yo me giré y contemplé sus hermosos ojos azules. Me sonrió y me enseñó una piedrecita que había encontrado en la parte de atrás de la casa. Tenía forma de corazón. Y entonces sucedió. Solo recuerdo los gritos de mis padres y que nos separaron. Los señores Bell dijeron que no pasaba nada, que era muy normal. Luna no retrocedió. Y ellos no la apartaron de mí. Papá me cogió mientras mamá decía que Lucy podía quedarse un rato más con ellos. Recuerdo el portazo que se oyó al entrar en casa. Recuerdo la cara desfigurada de papá. Y a mamá limpiando la sangre del suelo mientras lloraba. Todavía siento los moratones y las heridas en mi cuerpo como si fuera ayer. Pero no lloré. No lloré por ella. Su manita en mi hombro y su sonrisa aun cuando mis padres me apartaban de ella. No estaba asustada. Yo le gustaba. Todos estos años no lloré ni una sola vez. No derramé una lagrima. Vivía por ver su sonrisa cada día. Aunque no pudiera tocarla. Aunque no me la mereciera. Pero esto no podía seguir así. Luna se merecía a alguien mejor. A alguien que pudiera protegerla de tipos como yo. Con Sam era distinto. Ya hacía mucho tiempo que había aprendido a controlarme y ella no era Luna. Sí, podría ser feliz con Samanta, formar una familia. Pero nunca podría olvidar ese seis de julio. Ni a esa chica que no retrocedió, que me sonrió.

 

Ya se que el capitulo es muy cortito y lioso, pero es imprescindible para el desarrollo de la historia. Es un poco misterioso pero espero que lo entendais y os guste(Por que me costo lo mio escribirlo… que no queria dar muchas pistas…) !! ^^

Capitulo 4

Capítulo cuatro

Estudiar en la cocina me relajaba. Sentir el aroma fresco de la fruta a mi lado me daba energía para seguir empollando los finales. El domingo había decidido levantarme temprano el lunes y estudiar lo que me faltaba antes de ir al instituto. Esta era una mejor táctica que la de pasar toda la noche sin dormir y olvidarlo todo mientras roncas. Acabé de repasar los últimos tres temas de biología y me puse el MP3. A veces me costaba pensar si había demasiado silencio, aunque ahora mismo no quería pensar, sino relajarme antes del examen. Pero por lo visto mi mente no podía pasar mucho tiempo en blanco y le dio por pensar en motos. Y de ahí pensó en macarras. Y me vino a la mente Alex, que parece que lleva la palabra macarra tatuada en la frente. La verdad es que no sabía cómo actuar después del – Ejem, Ejem – desliz del viernes. Nos habíamos besado.

Mierda. ¿Y ahora qué iba a hacer? Mamá bajó por las escaleras y la ayudé a preparar el desayuno. Me alegré por no tener que pensar más en Alex. Entonces sonó el teléfono. Era Judy.

-No tengo mucho tiempo antes de que Kyle venga a buscarme, pero quería saber cómo estabas. Ayer te llamó Kate pero no…

-Ya está todo solucionado. Henry y yo volvemos a ser amigos.

-¿Qué? Pero, ¿qué pasa con…?

-Tiene novia. Samanta.

-Entones, ¿qué vas a hacer con Alex? Y, ¿quién es Samanta? ¿Es qué soy la única que no se entera de nada?

-No, Judy. Tranquilízate. Samanta es la rubia. Me lo ha dicho mi hermano. Y no sé que voy a hacer con Alex, porque después de besarnos…

-¿¡Os besasteis!? ¡Pero Luna! Y decías que ese rollito de malo no te iba…

-Se aprovechó de mí. Estaba destrozada con lo de Henry. – No quería que me juzgara. Estaba triste y él no me dio tiempo ni de respirar.

-Bueno, mira, yo no sé qué pensar. Ya hablamos luego. Adiós.

-Adiós.

Dejé el teléfono en la mesa, cogí la bandolera y me senté en las escaleras de la entrada de casa. Faltaba todavía un rato para que Alex llegara. Desde luego, un chico malo no me convenía como novio, pero si él me hacía olvidar a Henry… Oí el rugido del motor y me levanté.

-¿Por qué no me lo dijiste? – Dijo mientras paraba el motor y miraba al suelo.

-¿Decirte qué?

-Que sigues enamorada de él. – Rugió entre dientes.

Me quedé parada en medio del césped. Kate y él habían hablado.

-Pero si ya lo sabías. ¿Te crees que todo el plan de los celos era una broma? – Volví a andar y me acerqué lentamente a él.

-Entonces ¿por qué? ¿Por qué haces esto? – Preguntó mientras me miraba. Me sentía fatal. Le había hecho daño. Podía ser un chico malo, pero era el hermano de Kate. Y tenía su corazoncito.

-Mira, yo… – Suspiré y me miré los zapatos. Le tenía que decir la verdad. – Estuvo mal, lo sé. Pero tú sabías que estaba hecha polvo y aún así lo hiciste. Ni siquiera pensé lo que estaba haciendo, pero tú sí. Así que, ¿qué era lo que pretendías? ¿Qué lo olvidara con un simple beso? Hace falta más que eso para que lo pueda olvidar. Lo siento.

Estuvimos un rato en silencio, cada uno amargados en nuestro dolor.

-¿Vas a subir o prefieres no ir al instituto hoy? – Me preguntó al fin. Subí y me preocupé un poco ya que no llevábamos casco. Al llegar al instituto nos quedamos inmóviles encima de la moto.

-Oye, lo siento… – Le dije mientras mi mano descansaba en su espalda.

-No. Tienes razón. Aquí el único imbécil he sido yo. – Giró la cabeza y me miró como pidiéndome perdón.

Me bajé de la moto y me miré mis viejos vaqueros. Ayer iba más guapa.

-… – Inspiró profundamente y me miró. Sus antebrazos estaban apoyados en el manillar. – ¿Entras o qué?

Por un momento observé la escena. Los demás alumnos que estaban en el aparcamiento y se dirigían hacia el hall parecían entremezclarse con nosotros de una forma tan natural. Y a la vez parecía que Alex y yo estábamos aislados de los demás. Viviendo nuestra propia historia.

-No. – Le dije con convicción en la voz. De pronto levantó la cabeza y me miró asustado.

-¿Y para esto he desperdiciado yo gasolina? – Me recriminó con el ceño fruncido. Si no entraba pensaba hacerme entrar a la fuerza, lo veía en sus ojos.

-Alex, esto es muy difícil de decir… – Y no sabía ni por dónde empezar. Le había hecho daño y no quería seguir haciéndolo, pero si había una mínima posibilidad quería aprovecharla. Quería olvidar lo que sentía por Henry, y él podía ayudarme. Su rollo de macarra ya ni me molestaba. Pero no soportaba la idea de ver otra vez esa mirada suplicante en sus ojos. Retiré la mirada de mis zapatillas y lo miré a los ojos. Mostraban expectación. Estaba ansioso por oírme hablar. – Pero, ¿qué se le va a hacer? Tengo examen de biología. Luego nos vemos. – Le di un beso en la mejilla y me fui andando lo más deprisa que pude.

Me había hecho un lío. Ni yo misma encontraba la coherencia entre mi primera frase y la continuación. ¿Acaso era difícil decir que hoy tenía examen? A estas alturas se habría dado cuenta de que algo raro pasaba. Y querría saber qué era lo difícil de decir. ¿Y qué le iba a contestar? No le podía decir: Ni yo misma lo sé, pero, ¿quieres ayudarme a olvidar a Henry? Ni Judy era tan mala. Ni tan fresca como para decir eso y quedarse ancha. Durante todo el día anduve como en una nebulosa. Después del almuerzo teníamos el examen, así que tenía que contarles a Kate y Judy lo que pasaba. Judy y yo empezamos a comer en silencio esperando a que Kate llegara. En ocasiones era un fastidio no estar las tres juntas en clase.

-Me estoy empezando a cansar de las ensaladas. Me da igual que sea sano, cada vez la lechuga me parece que sabe peor. – Murmuró Judy removiendo su bol de tomate, lechuga y pepino.

-Pues comete una hamburguesa. – Sabía que le encantaba la comida rápida.

-No puedo. Si me rindo ahora de nada servirá toda la dieta que he hecho. Si me dejo vencer, el bikini me quedará fatal.

-Pero si llevas haciendo dieta desde octubre. Ya hiciste suficiente sacrificio con no probar los dulces en navidad. Por una hamburguesa no pasa nada.

-Ya, claro. Lo dices tú, que eres un palo.

Desistí. Cuando Judy se ponía así, era imposible hacerla cambiar de idea, y menos sobre su dieta.

-Eh, mira. – Me dijo Judy de repente. Señaló a mi espalda. Me volví y pude ver a Kate hablando con una chica rubia. Si hubiera sido un dibujo animado me habrían chirriado los dientes. Se despidió de Samanta y vino hacia nosotras.

-No os podéis imaginar lo maja que es Samanta. Llevo hablando con ella unos quince minutos y ya me dan ganas de invitarla a casa. – Se sentó al lado de Judy y las dos le echamos una mirada asesina.

-¿Qué? – Nos preguntó Kate ante nuestras miradas. – ¿Qué ocurre?

-Esa chica tan maja es la novia de Henry, por si no lo sabías. – Le contesté.

-No. – Exclamó con los ojos muy abiertos. – Vaya, lo siento. – Iba a decirle que no pasaba nada pero me dieron ganas de matarla. – Pero ahora que Henry y tú volvéis a ser amigos quizás algún día la invite a comer con nosotras. Es una chica muy maja, no me extraña que a Henry le guste. Cuando la conozcas ya verás que te encantará.

Si no muero de odio antes, pensé. Judy me miró y supe que estaba de mi lado, no sabía que mosca le había picado a Kate para que actuara así. Estábamos engullendo en silencio cuando recordé el asuntillo de Alex. Si Kate era tan liberal con Henry, entonces entendería a la perfección lo que le iba a contar.

-Voy a salir con Alex. – Exclamé. Uno de los tomates de la ensalada de Judy se quedó a medio camino entre su boca y el bol. Me miró comprobando que no era ninguna broma y esperó la reacción de Kate.

-Me parece bien. Él estará feliz y tú también. – Dijo antes de zamparse una croqueta entera. – ¿Sabéis? Creo que me estoy acostumbrando a esto de comer proteínas a todas horas. Además, si sales con mi hermano te tendré en casa más a menudo. Todos ganamos. – Sentenció con un encogimiento de hombros.

Durante el resto del descanso hablamos de cosas sin importancia como cuanto había entrenado ayer y el gimnasio. Después nos fuimos Judy y yo hacia el aula de biología y nos despedimos de Kate.

-Dime que no es verdad. – Me pidió mientras estábamos en el pasillo.

-No lo es. – Dije.

-¿De verdad quieres salir con Alex?

-Sí. – Esperé a que Judy frunciera el ceño y pensé que Kate y ella se habían intercambiado los papeles.

-No es que no me alegre – comenzó. – Pero eso de salir con alguien para olvidar a un chico no funciona, créeme. Lo he intentado y no funciona. Bueno, sí que funciona, pero hace falta mucho tiempo.

La miré y deseé no pensar en Alex de esa manera.

-En el fondo no es tan mal chico. – Contesté. Nadie me había preguntado nada acerca de cómo era, pero sentía que tenía que decir algo en su defensa.

-Os besasteis. – Dijo con un tono enunciativo. – ¿Sentiste algo? – Preguntó con expresión triste. – Por favor, dime que sentiste algo porque si no te estrangulo. Dime que no eres una de esas chicas que se lían con chicos que ni les gustan.

-¿Te refieres a que te diga que no soy como tú? – Alcé una ceja. Ella se liaba cada dos por tres con alguien, y no me creía que siempre le gustara.

-No seas así. A mí me gustan los chicos, todos los chicos. Siempre me gustan.

-¿De verdad? Entonces, ¿te parece guapo Edwin de cuarto?

-¡No! – Chilló horrorizada. Era razonable, Edwin poseía la nariz más horrenda que se halla visto jamás. Y eso por no mencionar su cabello grasoso. – Aunque te suplique de rodillas que no lo hagas, vas a salir con Alex, ¿no?

-Como me conoces. – Sonreímos durante un segundo y nos volvimos a poner serias. – Esto no es normal, Judy. Llevo desde quinto de primaria colada por Henry. Y que yo recuerde solo cuando empezamos el instituto me pareció mono otro chico. El resto se resume a Henry, Henry y más toneladas de Henry. – Me miró comprendiéndome y continué. – Si hay una mínima posibilidad de olvidarlo, quiero hacerlo.

-¿Aunque vayas a herir a alguien que quieres? – Interrumpió. Sabía que yo no era una sádica en potencia y odiaba hacer daño a las personas.

-Los dos nos gustamos, lo conseguiré.

-Luna, para empezar te gusta más Henry. Y para seguir yo no diría que le gustas a Alex. No sabes la de veces que me han dicho que era guapa para meterme la lengua hasta el estomago.

Judy tenía razón. No podía afirmar que le gustara. Antes lo había hecho con Henry y me había equivocado. Pero vi la tristeza de los ojos de Alex, y eso no era simplemente su orgullo herido. ¿O sí? Suspiré. Definitivamente era mejor pensar en biología que en chicos. Ya pensaría algo cuando viera a Alex.

El examen de biología fue un desastre. Cinco páginas de preguntas que ni siquiera habíamos dado. En el descanso entre quinta y sexta hora Kate y yo coincidimos en el pasillo.

-Así que vas a salir con mi hermano, ¿eh?

-Sí. – Dije, aunque no muy convencida.

-Ay, que nuestra Luna se nos está haciendo mayor. – Dijo en un tono muy teatral.

-Sí. – Respondí de nuevo. – Vas a ser la última en salir con un chico. – Kate pegó un respingo. Las dos recordábamos perfectamente que de pequeñas habíamos hecho una promesa y una apuesta. Prometimos haber salido con algún chico antes de los quince años y empezamos una especie de competición no reconocida por ver quién era la segunda en besar a un tío. (La primera obviamente fue Judy). – Solo quedan tres meses para tu cumpleaños, pero para el mío siete. Uy, que digo, si yo ya me he besado con Alex. – Las palabras salieron de mi boca como puñales afilados dispuestos a clavarse en el corazón de Kate. De pronto fui consciente de mis palabras y me llevé las manos a la boca. Yo ya era la segunda. Pero había sido con Alex. Una rabia me invadió por dentro. Con Alex. Mi primer beso. Solté un taco y me crucé de brazos. Tendría que haber sido con Henry. Pero a lo hecho pecho. Me giré hacia ella y contemplé su semblante. Tenía los ojos húmedos. Se me había olvidado lo sensible que era Kate.

-Oh, Kate, lo siento. No pretendía… – le toqué un brazo y me miró.

-Pero es la verdad. Y yo solo soy una estúpida llorona que ni siquiera va a ser animadora. Soy una ilusa. Una maldita ilusa.

-No, no lo eres. Eres una buena persona que siempre consigue lo que se propone porque tiene talento. Mírame a mí. Me besé con Alex. Ni siquiera tengo fuerza de voluntad.

-Sí que tie… – Sonó el timbre que indicaba que deberíamos estar en clase. Nos dimos un rápido abrazo y nos dirigimos nuestras respectivas clases.

Me pasé toda la hora de física mirando por la ventana. Era estúpida. Rematadamente estúpida. Y ni me acordaba de que sentí cuando Alex y yo…Bueno, sí que me acordaba. Perfectamente. Pero estaba asustada. Tenía miedo de que lo que dijo Judy fuera verdad. ¿Y si yo no le gustaba lo más mínimo a Alex? Sin embargo una parte de mí deseaba que acabaran las clases para encontrarme con él. Se lo iba a decir. Estaba segura. Cuando faltaban cinco minutos para que sonara el timbre el profesor Lewis nos dejó recoger nuestras cosas y todos fuimos al aparcamiento. No me molesté en buscar a Judy o Kate, en cuanto vi a Alex fui hacia él y no existió nada más. Me encantaba su pelo, color chocolate y peinado en cresta.

-Hola – susurré.

-¿Qué hay? – Me contestó en ese tono pasota tan suyo.

-Yo…Sé que por la mañana he estado un poco rara. – Dije mientras sus ojos y los míos se encontraban. – Esto es complicado de decir…

-Pues dilo. ¿Qué pasa?

Fruncí el ceño. ¿A qué venía esa actitud? ¿Estaba cabreado conmigo?

-Verás, yo…he pensado que…en fin, tu y yo…después de lo del otro día…

-Joder Luna, ¿te vas a dar prisa o no? He quedado.

-¿Qué? – Pregunté con una nota de alarma en la voz.

-He quedado. ¿Es que no puedo quedar o qué? Porque que yo sepa no tienes ningún derecho a reprocharme nada. – Soltó una carcajada irónica. – Ni que nos hubiéramos enrollado.

Lo miré y por un segundo deseé morirme.

-Pero… – susurré intentado recordarle el beso.

-¿Pero qué? ¿La mierda de beso? ¿Te refieres a aquello? Si tú misma dijiste que no tenía importancia. Así que sube, que voy a llegar tarde.

Obedecí y estuvimos todo el camino en silencio. Cuando llegué a casa ni nos despedimos. Saludé a mamá y subí a mi cuarto. Me alegré de que Colin no estuviera en casa. Me senté en la cama cogiéndome las rodillas con las manos y escuché el escaso silencio que quedaba antes de que en mi interior empezara una guerra.

¡Estúpida!¡Estúpida! gritaba una vocecilla en mi cabeza. ¿Cómo has podido pensar que Alex y tu podríais tener algo? ¡Estúpida! ¿Solo por un beso? ¿Qué pasa? ¿Es que cuando alguien te coja de la mano ya hablareis de boda, o qué? ¡Estúpida! ¡Si tu le dijiste que seguías queriendo a Henry! Ninguno de los dos te quiere. ¡Ninguno! ¿Y sabes por qué? ¡Porque eres una estúpida!

Cogí mi almohada y me la apreté contra la cara. Ahogué un grito en ella y me hice un ovillo.

¿La segunda en besarse con un chico? ¡Ja! Cogí papel y boli y escribí en letras grandes <<NO MÁS CHICOS>>. Me levanté y lo pegué con celo dentro del armario. Ya había sufrido bastante. Primero Henry. Y cuando creía que las cosas iban bien, ¡zas! Alex tampoco. No me enamoraría de más chicos durante una temporada. Y adiós a la tristeza. Enchufé la mini cadena y puse a todo volumen la canción Iyiyi. Ojala alguien como Cody Simpson me escribiera canciones de amor. Solté una risilla tonta. Seguramente él no había escrito esa canción. El mundo era una farsa. Pero me puse a cantar la canción.

 

 

Capitulo 3 (2ª parte)

Aqui os dejo con la segunda parte!!!
Y no penseis que la pobre protagonista es una fresca xk en el tercer capitulo ya se ha morreao con uno, ok?? Tened compasion de ella!! 😀

***

Cuando desperté descubrí que era sábado y me alegré de no tener que ir a clase. Me quedé hasta tarde en la cama y cuando me aseguré de que no había nadie en la cocina bajé y desayuné. Leí la lista de cosas por hacer en la casa que había colgada de un imán en el frigorífico. Volví a mi habitación y me vestí. Salí al jardín y le propuse a mamá acabar de plantar las flores por ella. Era una buena terapia eso de concentrarse simplemente en flores y tierra. Pero vi perfectamente como una chica rubia llamaba a la casa de enfrente. A la casa de Henry. Me concentré más en las flores mientras lloraba en silencio. No oí a mamá acercarse a mí.

-Si las riegas mientras las estás plantando no tiene gracia, cariño. – Me abrazó y me secó las lagrimas. – ¿Qué ocurre?

-He suspendido el examen de sintaxis. – Mentí. ¿Qué otra cosa podía hacer? Era más sensato llorar por un tres que por el mejor amigo de mi hermano.

-Ve adentro y tomate un chocolate caliente, yo acabaré de plantar esto. – Dijo mientras me quitaba de las manos las flores y la pala.

Me quité las botas en el recibidor y fui descalza hasta la cocina. Cogí una taza y me puse el chocolate que había en la nevera. Lo calenté en el microondas y me senté en el sofá con él. Ya había dos lugares oficiales de amargura en la casa: el salón y mi habitación. Recordé que cuando era pequeña me encantaba tomar chocolate caliente mientras veía la tele. Antes era simplemente feliz. Existía Henry, sí, pero no esta clase de sentimientos hacia él. Pensé que Colin tenía muchísima suerte de no haberse enamorado todavía. No era muy divertido que digamos sentir como algo te está perforando lentamente por dentro, y todo porque simplemente no le has dicho al chico que te gusta. Me acabé el chocolate y fregué la taza.

-Mamá, me voy a casa de Lucy. No tengo ganas de comer y ya sabes que ellos comen más pronto que nosotros. – Cogí las llaves y cerré la puerta de un portazo. Crucé la calle y llamé al timbre. En estas ocasiones era muy práctico vivir en frente de una de tus mejores amigas.

-Hola, ups, vaya, pensaba que eras otra persona. – Henry abrió la puerta y su cara cambió considerablemente cuando vio que no era la rubia. Sí, no había dicho que creía que yo era Samanta, pero, vamos, era tan obvio. En estas ocasiones era un fastidio que una de tus mejores amigas fuera la hermana del chico que te hace sufrir. – Pasa, pasa, no te quedes ahí. ¡Lucy! Tienes visita. – Y tras evitarme por completo (no había dicho mi nombre ni una maldita vez) se fue.

Sorprendentemente no estaba triste. Estaba furiosa. Jolín, se suponía que por lo menos éramos amigos, y había pasado de mí. ¿Pero que había hecho yo? Según Colin él no había visto ni mi beso con Alex ni al mismísimo Alex.

Estuve hablando con Lucy y comentándole que Henry no tenía ningún motivo para actuar así. Decidimos hablar con él. Golpeó su puerta y la abrió.

-Henry, Luna y yo queremos hablar contigo. – Dijo Lucy mientras su hermano se giraba en la silla.

-¿Qué ocurre? – Preguntó mientras nos sentábamos en su cama.

-Seguimos siendo amigos, ¿no? – Le pregunté con un hilillo de voz. Temí que me dijera que no.

-Claro, ¿por qué lo preguntas?

-¿Por qué me estás evitando? Ayer ni siquiera me saludaste.

-Bueno…estaba con Sam y no quería herir tus sentimientos. Creo que deberías saber que estamos saliendo juntos. Ahora que está claro que tu y yo solo somos amigos ya nos podemos volver a contar todo.

¿Sam? Ahora encima la llamaba por un apodo cariñoso. Y encima eran novios, lo que me faltaba. Se suponía que los dos sentíamos lo mismo, y estaba claro que Henry no se había inventado a su novia para ponerme celosa. Pero ya no estaba furiosa ni triste. Él no sentía lo mismo. No era su timidez, si no yo.

-Pues que duréis mucho tiempo. – Dije. Lucy se quedó helada pero Henry me sonrió. Todo volvía a estar en su sitio. Éramos amigos y yo sentía algo por él. Samanta era un detalle sin importancia. – En fin, me voy. – Le dediqué una mirada a Lucy, me levanté y me fui.

Mientras cruzaba la calle me di cuenta de lo feliz que estaba. Todo volvía a la normalidad. Como siempre. Entré en casa y descubrí que ya estaban cenando. Caray, que pronto se había pasado el tiempo. Me senté con mi familia y cené pescado y verduras. Después hice un poco de zapping en la tele hasta que papá y mamá nos dejaron solos en el salón a Colin y a mí.

-¿Has visto a Henry? – Me interrogó.

-Sí. – Apagué la tele con el mando a distancia y lo miré.

-¿Y…?

-Seguimos siendo amigos. – Me froté una pierna. Empezaba a sentirme incómoda. Mi hermano nunca había mostrado tanto interés por mi vida privada.

-¿Seguís siendo amigos? ¿Eso es todo? – Los ojos de Colin reflejaban una cierta incredulidad.

-Tiene novia. La rubia. – Expliqué con un leve asentimiento de cabeza.

-¿Te refieres a Samanta? – Preguntó. Asentí y Colin se revolvió en el sofá. Se veía claramente que se sentía tan incómodo como yo. – Así que prefiere a esa falsa antes que a mi hermanita. Nunca pensé que Lucy tuviera razón acerca de Henry. Es idiota. – Se levantó y se rascó la cabeza. – Pero, ¿qué se le va a hacer? Me voy a dormir. – Y tras decir eso desapareció. Yo volví a encender la televisión y vi una serie policiaca. No recuerdo cuando me quedé dormida, pero me despertó el ruido de la tele. Me había tumbado encima del mando y el volumen estaba al tope. Eran las cinco de la mañana y no tenía ganas de subir a mi cuarto para estar dando vueltas en la cama, así que me preparé unos cereales y me fui al porche trasero a comérmelos. Cuando me los acabé dejé el tazón en el suelo y subí a mi cuarto a por un cuaderno y un boli. Allí, en medio de la naturaleza del jardín trasero de casa amaneciendo se me ocurrían un montón de letras de canciones. Y todavía estaba más inspirada después de haber sufrido tanto por Henry. Bajé por las escaleras y me apoyé en la pared para poder escribir bien. La inspiración no espera a que te pongas cómoda.

<<Puedo ver el amanecer de un nuevo día mientras las lagrimas desaparecen/Puedo escuchar el sonido vivo de mi corazón mientras dejo atrás lo que pasó/Siento que empiezo de nuevo y no quiero recordar la tristeza de ayer/Pero me gustaría que me hubieras dicho que me quieres>>

Me separé de la pared y sonreí satisfecha. Al fin y al cabo ser intensa y sufrir sirve para hacer buenas canciones. Abrí la puerta del porche y me paré cuando vi a Colin en pijama mirando el jardín.

-¿Tu tampoco puedes dormir? – Me preguntó con su pelambrera revuelta.

En lugar de asentir o contestar le enseñé nuestro viejo cuaderno de notas. Los dos le teníamos un cariño especial a esas hojas, quizás porque escondían experiencias más sinceras que cualquier libro. Antes me parecía raro que los dos compartiéramos el cuaderno, pero ahora lo consideraba especial. Nos unía.

-Reconvirtiendo tu dolor en canciones, ¿eh? De nuevo eres la Luna de siempre. – Nos quedamos allí contemplando las flores y plantas y por primera vez vimos nuestro primer amanecer juntos. Era refrescante notar el sol en tu piel. Entonces supe que el cuaderno, Henry, y el amanecer nos habían unido más que nunca. Siempre seríamos hermanos. Aunque Colin me pegó otra colleja.

-¿Por qué? – Le exigí.

-Soy tu hermano mayor. Nunca podremos estar en paz. – Sí, aunque muchas veces lo llamaba “hermanito” eso no cambiaba el hecho de que fuera dos años mayor. Me hizo cosquillas y al final nos abrazamos. Siempre sería mi hermano mayor, que cuidaría de mi. Pero lo de la paz habría que verlo. Le devolví la colleja.

Capitulo 3 (1ª parte)

Capítulo tres

Sonó el despertador. Lo apagué de un manotazo y me quedé frita.

Cuando volví a abrir los ojos apenas me quedaban diez minutos para tener que ir al instituto. Me levanté corriendo, me hice una coleta y me puse el primer vestido que encontré en el armario. Mi mente trabajaba a toda máquina para no perder ni un minuto y un vestido era más rápido que mi habitual camiseta y pantalón.

Desayuné un vaso de leche y corrí hacía el coche que se suponía que debía estar esperándome en la acera.

Que se suponía.

Judy no estaba allí.

Eso me recordó que hoy vendría Alex al instituto y debería estar guapa. Pero no lo estaba. Miré mi reloj de pulsera y comprobé que no tenía tiempo ni para respirar. Gimoteé y me llevé las manos a la cabeza. De nuevo empezaba con el pie izquierdo y ayer eso me llevó a cometer un grave error. Y ese error venía en moto y a cien por hora.

Alex frenó dejando una marca en el asfalto. Se quitó el casco y me sonrió. Sí, no había duda de por qué había aceptado, yo le seguía gustando.

-Vamos, nena, sube.

En otras circunstancias me habría clavado un cuchillo en un brazo antes que montar en su moto, pero iba a llegar tarde. Y también estaba ese asuntillo de los celos.

Me pasó el casco y monté. No me había acabado de sentar y él ya estaba pisando el acelerador. Me agarré bien a él y recé para que el vestido no se me subiera.

Entonces divisé el aparcamiento del instituto y me relajé. Ya no iba a morir, menos mal. Volvió a frenar en seco y me bajé. Me quité el casco con sumo cuidado y comprobé que había perdido el coletero, y con el mi coleta. Suspiré y miré a Alex.

-¿Qué? ¿Te ha gustado?

Típico de él. Sus majaderías de macarra eran una de las razones por las que no salí nunca con Alex.

-Esto…Yo me voy ya a clase, que está a punto de sonar la campana.

-Bien. Luego nos vemos. – Me guiñó un ojo y se fue mascando chicle.

Pero una de las cosas que me gustaban de él era que no hablaba mucho.

Entré en el insti con el pelo un poco revuelto. Tampoco estaba tan mal, el vestido era moderno, y al no tener tiempo no me había puesto leggins, lo que le daba un puntito cañero. Abrí la puerta de clase y comprobé con alivio que la profesora no había llegado todavía. A primera hora siempre nos tocaba con la señorita Evans y era un horror. Podía afirmar con total seguridad que ya habría corregido los exámenes de ayer. No me dio tiempo a pensar nada más ya que en cuanto me senté en mi silla, Judy – detrás de mí – empezó con su habitual charla.

-Hola, siento no haber ido a recogerte hoy pero Kyle me ha traído en su coche. No sé que marca es ni nada pero a juzgar por el glamur apostaría por un Volvo. Supongo que tampoco importa porque Kate me dijo que Alex te vendría a buscar y ¡oh Dios mío! Que sexy que estas. ¿Seguro que no te gusta Alex? Ya sé que no va contigo ese rollito de chico malo que tiene pero siendo hermano de Kate no creo que sea muy malo. Ya sé que no lo conozco y eso, pero, ¿qué más te da una cita con el hermanito de Kate?

-Judy, he venido así por Henry.

-¿A, sí? Y eso de que te traiga un chico malo no significa nada, ¿no?

-Todo el rollo de Alex es para poner celoso a Henry. Se le ocurrió el plan a Kate. Ya sé que soy tonta por haber aceptado.

-Ya lo sé. Me lo contó todo Kate, pero, por favor, le vas a hacer ascos a…

Se calló instantáneamente. La profesora Evans acababa de entrar y de un humor de perros. Me escondí en la silla y cerré los ojos. Las notas del fin del mundo estaban aquí.

 

 

Observé cómo Judy abría su taquilla y metía los libros y cuadernos dentro. Era la hora del almuerzo. Cerró la taquilla de un portazo y me sonrió.

-¿No te mueres de ganas de ver a Kate con sus croquetas? – Se rió y suspiró.

-Bueno, ¿y qué tal con Kyle ayer? Confiesa, fierecilla. – Le hice cosquillas y le apunté con el boli aún en la mano.

-Fuimos a dar una vuelta con el coche. Y la verdad es que no nos bajamos de él. – Soltó una risita de suficiencia. Sabía lo que quería decir eso. – Nos estuvimos besando toda la tarde. Dios, Luna, besa genial.

-Me alegro por ti – le dije, aunque me invadió una amargura tan grande como una montaña.

-Oh, Luna, lo siento.

Fantástico, ahora mi mejor amiga sentía pena por mí. Eso ya era demasiado. Me apoyé en la pared. No quería la compasión de nadie, y menos cuando tenía un plan para poner celoso a la razón de mi tristeza. Suspiré. ¿Por qué estaba haciendo eso? El amor no es un juego donde se tiene que apostar a todo o nada, aunque todo el mundo piense eso. El amor tiene que surgir por sí solo, no tiene que ser forzado. El amor es mirar a alguien a los ojos y saber que no te importaría quedarte allí para siempre, junto a él. Respirando el mismo aire, a su lado. Pero la realidad me tuvo que despertar de esas reflexiones. El careto de mi hermano sonriendo como un estúpido me puso furiosa. Me acerqué a él por detrás y le arreé una colleja lo más fuerte que pude.

-¡Eh! – Me gritó frotándose la nuca.

-Venganza – le contesté con un encogimiento de hombros.

Ya estaba yendo hacia el comedor cuando Colin corrió y me agarró por la muñeca.

-Espera. –Me giré y lo miré fijamente. – Te he visto llegar al instituto con un chico. ¿Qué pasa con Henry? ¿Es que ya no te importa?

Me quedé con la boca abierta. Nunca habíamos hablado nunca de Henry de esa manera. A decir verdad hasta ayer mismo ni siquiera sospechaba que él lo sabía.

-Pues claro que me importa. – Le espeté. Tenía la boca seca y su mano en mi muñeca me empezaba a quemar. – ¿A qué viene todo esto? Es mi amigo y el tuyo, claro que me importa.

Soltó una carcajada y me soltó.

-Sois idénticos. Ninguno de los dos admitís vuestros sentimientos. Pero a mí que mas me da. Vosotros sois los que sufrís en vez de estar morreándoos por las esquinas.

Hizo un gesto con la mano y se fue. Me quedé petrificada en el pasillo. Mi hermano me había imaginado morreándome con su mejor amigo. Y se alegraría por mí si eso sucediera. Me entró un tic nervioso en el ojo y fui andando lentamente por el pasillo hasta el comedor. Me senté junto a Kate y Judy con la mirada perdida. Las dos me observaron en silencio. Era obvio que sabían que me pasaba algo.

-Colin me ha dicho que le gustaría que Henry y yo nos morreáramos por los pasillos en vez de esconder nuestros sentimientos.

Se quedaron con la boca abierta. A Kate incluso se le cayó un trozo masticado de croqueta de la boca.

-¿Qué ha qué? – Chillaron las dos. Lo hicieron tan fuerte que toda la sala se nos quedó mirando unos segundos.

-Y hasta se ha preocupado por Alex. Me ha preguntado si ya no me importaba Henry.

Las tres nos quedamos con unos ojos como platos. No proferimos sonido alguno durante un buen rato. Y Kate no comió ninguna proteína, eso era un síntoma de la sorpresa que nos rodeaba a todas. Pero todavía nos quedamos más sorprendidas cuando vimos pasar a Henry por nuestro lado. No nos dijo nada. Ni nos saludó. Entonces contemplamos como una chica rubia se le acercaba y le pasaba un brazo por la cintura. Contuve el aliento, no me apetecía ver la cara de tristeza de la chica cuando él la rechazara. Contuve el aliento para nada. Se alejaron juntitos y abrazados. Y con ellos se alejaron todos mis sentimientos. No pude sentir nada. Pero pude notar las miradas de todos clavadas en mí. Salvo la de Henry. Yo ya no existía para él. Bueno, sí que existía, pero como amiga. Como lo que siempre quise evitar. Y ahora mi cobardía me estaba perforando lentamente por dentro.

-Vaya, pues sí que ha sido rápido Colin diciéndole a Henry que la había visto con otro – se dijo Judy a sí misma.

Noté los ojos húmedos pero no me dio tiempo ni a pensar que no podía llorar en público porque oí a Colin correr hacia nuestra mesa. Se sentó a mi lado y me miró con cara de pánico.

-Yo no le he dicho nada. Luna por favor perdóname. Yo… – me tocó una mano y esperó a que yo le gritara, a que rompiera algo. Pero nada de eso ocurrió. Me sentía demasiado mal como para moverme.

-¿Pero por qué…? – Susurré y la voz se me quebró. Las lagrimas estaban ya resbalándome por las mejillas. Era consciente de que la gente que pasaba se me quedaba mirando. Estaría penosa, con el plasta de mi hermano pegado a mí y las lagrimas en los ojos.

-No se os ha perdido nada aquí, así que largo – le gruñía Kate a todo el que pasaba.

Agarré la mano de Colin con toda mi alma y contuve un sollozo. Me sequé las lagrimas con los dorsos de las manos y sonreí.

-Está jugando duro, ¿eh? Habrá que ejecutar bien el plan de los celos. – Kate y Colin se me quedaron mirando sorprendidos por lo rápido que me había recuperado. Sin embargo Judy no me miraba. Sabía que todo esto era una máscara. – No va a ser él el único que juegue bien sus cartas. Así que ya me estáis ayudando con lo de Alex. – Sonreí una vez más y cogí mi bandolera. Le di un último apretón a la mano de Colin y me fui directa al baño. Me alegré de no haberme maquillado, aunque seguía teniendo el aspecto de un zombi. Cuando salí del baño Judy me estaba esperando. Me abrazó y fuimos juntas a clase.

Durante todo el día nos dedicamos a hablar sobre temas superficiales como el examen suspendido de sintaxis o la ropa que se iba a comprar el fin de semana. Pero las clases llegaron a su fin y fuimos al aparcamiento. Judy me volvió a abrazar y se despidió ya que Kyle la llevaba a su casa. Me dirigí hacia donde estaba Kate.

-Oye, yo…siento mucho todo este lío de Alex y todo. Sé que soy una tonta y… – Kate parecía realmente preocupada.

-No importa, quiero seguir con el plan.

Kate me dedicó una sonrisa y una mirada de confianza.

-Vas a perder el autobús si no te vas ahora mismo – le avisé señalando el gran autobús amarillo.

-Entonces te llamo luego, ¿vale? – gritó alejándose corriendo y haciéndome señas con las manos.

Me quedé sola en medio del aparcamiento. Me crucé de brazos y fruncí el ceño. No más compasión. Alex llegó unos minutos más tarde y sin casco.

-¿Preparada para irnos? – Dijo mientras sonreía como un idiota.

-Sí… – contesté sin fuerzas. Alex se bajó de la moto y se acercó a mí.

-¿Qué pasa? – Me susurró mientras me acariciaba cuidadosamente una mejilla.

Me tragué mis lagrimas y le miré a los ojos.

-Nada, seguimos con el plan.

-Y, ¿cuál es el plan? – Me miró de reojo y arrugó la frente. – ¿Quieres que se ponga realmente celoso? – Me agarró la barbilla y se acercó un poco más a mí.

Sé que fui una estúpida. Una imbécil. Pero estaba destrozada y los labios de Alex eran tan cálidos…y él se había interesado por si me pasaba algo…Cuando nos separamos no me importó si Henry lo había visto o no. Me sentía un poquito mejor y los dos subimos a la moto al mismo tiempo. Llegué a casa y nos despedimos. Tras cruzar la puerta de la entrada me di de bruces con Colin.

-¿Qué crees que estás haciendo? – Me espetó.

-Entrar en casa – le respondí. La verdad es que no entendí su pregunta.

-No hablo de esto. ¿Es que ahora te gusta ese tío?

-¿Alex? Claro que no. Solo me lleva y me trae del instituto porque Judy está con su novio.

Soltó una carcajada sarcástica y me miró.

-No te lo crees ni tú. Te he visto besarte con él. ¿Ahora es tu novio?

Me dieron ganas de pegarle un puñetazo pero en realidad tenía ganas de pegarme a mi misma por ser tan estúpida.

-Mira, sé que ha sido duro ver como Henry y Samanta se abrazaban, pero besarte con ese tío ya es pasarse un poco, ¿no crees?

Mi hermano siendo más sensato que yo. Definitivamente hoy me había vuelto a levantar con el pie izquierdo. Estaba hecha polvo. Me deshice de la bandolera. Fui directa a la cocina y cogí una lata de Dr Pepper.

-Ya…ya sé que soy una estúpida, que no tengo fuerza de voluntad, que lo de Henry y esa rubia no es nada y que Alex se pensará cosas extrañas. Pero desde ayer todo me sale mal. Desde que acepté lo de poner celoso a Henry.

-¿Va enserio lo de poner celoso a Henry? – Colin y yo nos sentamos en el sofá. Era la primera vez que hablábamos así sobre algo.

-Sí… – Me froté la cabeza. – Me siento como si esta no fuera yo. Como si otra persona estuviera viviendo mi vida.

-Hermanita, sé que esto del amor es muy duro… – me miró con picardía y sonrió. – Espera, no, no lo sé. – Le di un manotazo y me abracé a su cuello. – Ya sé que nunca hemos estado muy unidos, pero quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti. Antes que los amigos está la familia, ¿no?

Por primera vez ese día me sentí realmente feliz.

-Pero no creo que lo de los celos vaya a funcionar. Y por Samanta tú no te preocupes, que seguro que se han ido juntos por lo del trabajo.

-¿Qué trabajo? – Chillé histérica. La felicidad se fue tan rápido como había venido.

-Nos han mandado un trabajo sobre la ciudad. Henry se ha puesto con Samanta porque ella no es de aquí, se mudó hace unos meses. Yo lo haré con Jerry, así que si lo ves aparecer por casa ya sabes el motivo.

-No, si no me importa que Jerry esté por aquí – tenía un nudo en la garganta. Henry y Colin siempre se ponían juntos en los trabajos. Me concentré en Jerry para no sufrir. Jerry era otro de los mejores amigos de mi hermano. Era realmente muy listo, y además bueno en los deportes. Judy y yo solíamos ir a verlo jugar al rugby, era el mejor de su equipo.

-Lo dicho, tú no te preocupes por… – El timbre sonó y los dos pegamos un respingo. Recé para que fuera Jerry, eso me ayudaría a olvidar un poquito mi pena. – Voy a abrir.

No era Jerry, pero era Lucy.

-Hola, plasta hermano de Luna. – Lucy siempre era igual con su hermano y el mío. Vino hacia mí y se sentó a mi lado. – ¿Qué? ¿Cómo va con mi hermano?

-Fatal – respondió Colin. Me extrañé de que todavía siguiera ahí. Normalmente desaparecía cuando Lucy estaba en casa.

-No te lo he preguntado a ti, idiota. – Nos escrutó con la mirada y preguntó – ¿Qué sabe él?

-Todo. – Le respondí. Esa era la verdad. Agradecí que Colin permaneciera a nuestro lado, ya que no me sentía con energía suficiente para contarle lo que había pasado. Él le contó todo a Lucy y ella escuchó con atención. Me sentí como si de lo estaban hablando no tuviera nada que ver conmigo. Y lo deseé.

-Tengo la solución. – Exclamó Lucy cuando mi hermano terminó de hablar. – Henry me ha dicho que tiene dos entradas para el musical Grease. Le he dicho que me lo pensaría aunque no pienso ir a ver un musical del año la tana. Puedes ir tú con él. Así podríais hablar un poco y arreglarlo todo pero la mayor parte del tiempo estaríais en silencio. ¿Qué me dices?

-Bueno…estaría bien.

-¡Sí! Perfecto. Ahora mismo llamo a Henry y… – sacó su teléfono móvil y se le iluminó la mirada cuando vio que su hermano le estaba llamando. – Parece que hemos pensado en lo mismo, ¿eh? – Descolgó y se pegó el teléfono a la oreja. – Hola hermano, ¿qué tal? Verás te quería hablar de las entradas…¿Tu también? Que coincidencia. Dime. – La mano de Lucy tembló un poco. Colgó y cerró los ojos. – No me ha dejado ni rechistar. Lo siento, Luna. Me ha dicho que lo siente pero que va a llevar a una chica y que yo puedo esperar.

-¿Samanta? – Susurré.

-Sí. – Me contestó. No supe que estaba llorando hasta que Colin se sentó a mi lado y me agarró la mano. Lucy murmuró algo de un examen y se fue. No le gustaban las escenas sentimentales porque nunca sabía qué hacer. Después de un rato me solté de Colin y le dije que prefería estar sola. Dijo que dentro de poco iban a llegar nuestros padres. Me di cuenta de que mamá no estaba en ese momento y le pregunté. Me dijo que se habían ido a celebrar no sé qué cumpleaños de un amigo. Se fue a su cuarto y yo me quedé sola en el salón. Al cabo de unos minutos sonó el teléfono. Era Kate. Como no contestaba Colin bajó por las escaleras. Soltó algo así como que creía que estaba muerta porque no contestaba, pero no me hizo gracia. Le pedí que le dijera a Kate que estaba comprando cosas para la cena aunque no era verdad. No volvió a sonar el teléfono en toda la tarde. Colin se preparó algo precocinado de cena y yo subí a mi cuarto. Cuando papá y mamá llegaron me hice la dormida y Colin les contó que me dolía la cabeza. Abría sido más acertado decir que me dolía el corazón.

 

Bueno, espero que os guste!! Hoy subo mas cap porque creo que este finde no voy a poder, asi k leed!! Comentad porfaa!!

Continuacion!!

Hoy subo mas xk he visto k la pagina ma kedao mu corta…
Grax x leer!!

…pero sus ojos miraban al suelo.

-Oye…deberíamos – dijo lentamente mientras retiraba su mano – deberíamos no hacer esto. La gente puede pensar que somos más que amigos. Porque yo solo te intereso como amigo, ¿no?

¿Por qué hacia esto? ¿Por qué no se lanzaba de una vez?

-Claro, ya lo sabes – susurré. Pero yo estaba pensando en lo mucho que lo quería como otra cosa, como novio. Pero me dolía que no hiciera nada. Nunca hacía nada. Era como un niño al que le regalas un peluche. Juega y se divierte con él, pero al final acaba olvidado en algún parque. Sin nadie que lo eche de menos.

Me levanté de las escaleras como a cámara lenta. Quería darme la vuelta y comprobar si Henry estaba decepcionado por mi respuesta pero no lo hice. No quería que viera las lagrimas que se amontonaban en mis ojos.

-No…no te has enfadado, ¿verdad? – Me dijo Henry.

Pero no contesté. Mi mente estaba muy lejos de allí, en un lugar frío y oscuro. En uno lluvioso y triste. Como mi corazón. Como lo que sentía.

Capítulo dos.

Cerré la puerta de un portazo y subí las escaleras corriendo.

Dejé la mochila en una esquina de mi habitación y me tiré en la cama. Sentía un vacio en mi cuerpo, pero no era hambre. Era mucho más difícil de reparar que el hambre.

-Luna, ¿eres tú? – Gritó mamá desde la cocina.

No tenía ganas de responder. Solo quería hacerme un ovillo y llorar. Pero sabía que si no respondía ella subiría a ver qué pasaba. Así que me aclaré la garganta y grité el <<sí>> más jovial que pude.

Me levanté y cerré la puerta de mi cuarto muy suavemente. Agarré el teléfono y me tumbé de nuevo en la cama. Primero llamé a Judy, pero nadie contestó y recordé que había quedado con Kyle.

-¿Luna? – Dijo Kate.

-Sí, soy yo. Oye perdona que te moleste pero necesito hablar y…

-¡Tú no te preocupes! Hasta las cinco no me voy a entrenar al gimnasio. ¿Qué ocurre? Tu nunca me has llamado tan pronto nunca.

-Bueno, ya sé que soy un poco blanda, pero…

-¿Blanda tú? Pero si te he visto tumbar a mi hermano Alex de 17 años con los ojos cerrados.

-Sí, bueno, pero sólo fue una vez y no hablo de lucha libre. Hablo de…Henry.

Se hizo un largo silencio en la línea telefónica y contuve la respiración. Kate estaría sopesando las palabras, no como Judy, que me habría soltado lo primero que se le hubiera ocurrido.

-¿Qué ha pasado? – Susurró.

Me cabreé. ¿Tanto silencio para esto? Aunque quizás estaba esperando a que yo dijera algo…

-Verás, estábamos hablando y los imbéciles de Ryan Scott y sus amigos han venido a molestarnos. Henry les ha contestado y entonces le he cogido la mano…

-¡¡¡Qué le has cogido la mano!!!

-Sí, pero no te emociones mucho porque…

-¿Qué pasa? ¿Es que no besa bien? Tu por eso no te preocupes que cogerá practica y…

-Kate, para un poco. Le he cogido la mano, nos hemos sentado en las escaleras. Hasta ahí todo bien. Entonces yo le he dicho que no me importaba lo que dijeran esos cerdos, que solo me importaba él.

-¿Y…?

-Y nada.

-¿Cómo que nada?

-Nada, nada y nada. En entonces él me ha dicho que solo éramos amigos y me ha soltado la mano.

-Vaya…Sabía que Henry era un poco parado, pero desaprovechar esa oportunidad de campeonato…

-Lo sé. ¿Sabes? A veces desearía ser como Judy. Le diría que me gusta sin rodeos y él tendría que decirme lo que siente.

-No te hagas ilusiones. Aún siendo como Judy, Henry podría estropearlo todo por su timidez.

-Pues a veces, más que tímido parece estúpido. – Resoplé. Ya no sabía que pensar de él, ni que hacer.

-No digas eso, que un pajarito me ha dicho que se te cae la baba cada vez que ves sus ojos.

-Oh, no. Dime que no se me nota tanto.

-Hombre, tanto, tanto, no. Pero para que tu hermano Colin lo sepa… Hace falta exagerar.

-¡No! Colin lo sabe. Me va a dar algo. Medio instituto lo sabrá cuando él llegue a casa.

-Luna, sé que soy tu amiga y debo apoyarte. Y por supuesto sé cómo es tu hermano, pero hace años que lo sabe. Apuesto a que hace años que todo el instituto lo sabe.

-¿Qué? ¿En serio?

-Sí.

-Pues nunca nos han dicho nada.

-A unos le pareceréis adorables, y los otros pensarán que ya tenéis suficiente con que ninguno de los dos se atreva a declararse como para haceros bromas. Además, si los dos os queréis, ¿dónde está la gracia?

-Yo no diría eso, ya has visto que hoy no me ha besado.

-Dale tiempo. Y ya verás cómo se lanza. Pasa de él un poco y suplicará por ti. O mejor, dale celos.

-¿Celos? Tu estas muy mal. Regla número uno, nunca le des celos porque dejara de pensar que tiene oportunidades y se irá con otra.

-Venga ya, solo van a ser unos celillos que no van a hacer daño a nadie.

-… – Suspiré, sí, Kate nunca se rendía cuando se le metía algo entre ceja y ceja. – Vale. Pero, ¿quién se supone que va a ser el chico con el que le voy a dar celos?

Hubo un pequeño silencio y supe que Kate estaba sonriendo. Sí, lo había conseguido.

-¿Te acuerdas de cuando me quejaba de que ni Judy ni nadie del insti conocía a Alex salvo tu? – Sí, me acordaba perfectamente. Despotricaba contra su hermano con cualquiera y ella creía que no la comprendían porque no conocían a su hermano. Yo creía que era porque no tenían hermanos. – Pues ya sabes que le gustabas antes, cuando no sabía lo de Henry. Así que he pensado que él podría ser tu chico…Sí, sí, no me lo digas, soy la mejor. ¿Te parece que así estamos en paz con lo de las animadoras?

-¡Por supuesto! – Chillé. Estaba emocionada. No es que Alex me gustara ni nada, pero era guapísimo, y pondría MUY celoso a Henry.

Estaba contentísima, todo estaba bien. Kate ya no pensaba que me debía nada, Henry espabilaría y me diría que…Un momento. Henry era muy tímido y…solo los lanzados responden a la táctica de los celos. Lo más probable era que él se distanciara y entonces ya no seríamos ni amigos…

-Bueno, tengo que colgar. Ya sabes, me espera una croqueta. Nos vemos mañana. ¡Ah! Y ponte guapa que traeré a mi hermano. ¡Adiós! – Kate colgó antes de que me diera tiempo a rechistar.

Vaya. Al fin y al cabo los celos siempre son una mala táctica. Iba a poner la mini cadena a todo volumen cuando oí unos golpecitos en la ventana. Me dirigí hacia ella y la abrí.

-¿Es que está sobando todo el mundo o qué? – Gritó Lucy desde el césped todavía con piedras en la mano. – Llevo media hora gritando y nadie me ha abierto la puerta. Por no hablar del timbre para sordos que tenéis. Bueno, ¿piensas quedarte ahí y oír cómo me cabreo o vas a bajar y abrirme la puerta?

Corrí por las escaleras y abrí la puerta. Lucy estaba guardando las piedras en el tiesto vacío que había bajo mi ventana. Algún día la rompería con esos pedruscos, estaba segura.

-Has tenido suerte, estaba a punto de enchufar la mini cadena. – Le susurré mientras recuperaba el aliento que me había dejado en las escaleras.

Subimos a mi cuarto y mientras ella cerraba la puerta yo puse a todo volumen la música. Nos tiramos en mi cama y permanecimos un buen rato sin decir nada. Lucy tarareaba con ritmo las canciones mientras yo solo oía una cosa. Henry.

Henry. Henry. Henry.

-Ya sé que te encanta que tengamos los mismos gustos musicales, – empezó – pero he venido a hablar.

-Pues habla. – Le espeté. Me seguía dando corte hablar de Henry delante de ella. Al fin y al cabo era su hermano.

-¿Qué tal te va con el memo de mi hermano?

Por eso. Por eso no me gustaba hablar con ella de él. Porque parecía que fuera estúpida por seguir coladita por él.

-Luna, lo siento. No te enfades. Mis insultos hacia mi hermano no te van a volver a fastidiar esta tarde. – Juró con voz solemne. – Pero di algo, que entre que no estudiamos en el mismo insti y mi hermano, parece que somos mudas. Si no voy yo a tu casa, nunca hablamos.

-Vale. Pero la verdad es que no hay mucho que contar salvo lo que tú has dicho. Tu hermano es idiota perdido. Y mi casa tampoco está tan lejos, vives en frente.

-Vaya, si que la ha cagado esta vez, ¿eh? – Murmuró con los ojos muy abiertos. Yo nunca lo insultaba.

Se apoyó sobre un codo y me observó. Su pelo lacio color azabache le caía a un lado recogido en una coleta. Yo me senté con las piernas cruzadas y fruncí el ceño.

-Ya sabes lo difícil que se pone. Es tímido, sí. Pero está llevando su vergüenza a unos niveles que me repatean el hígado.

Me revolví un poco el flequillo. Ya me había crecido tanto que lo echaba hacia un lado para poder ver.

-Tu tampoco es que se lo pongas fácil.

Me giré hacia ella y crucé los brazos. Nunca me había reprochado mi comportamiento con su hermano. Siempre me había dicho que le daba demasiadas oportunidades a Henry. Y ahora me venía con esto.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué me ponga de rodillas y le suplique su amor? – Mi voz se quebró al final de la frase y temí echarme a llorar. Lo último que quería era parecer débil. Quería sonar rabiosa pero no lo conseguí.

Lucy resopló y me miró con esos enormes ojos verdes. Los mismos de su hermano. Los mismos que me volvían loca.

Nota mental: Le debo una colleja a Colin.

-Mira, yo solo sé que estáis hechos el uno para el otro. – Se incorporó y me abrazó. – Y hasta que se dé cuenta, yo estoy aquí para apoyarte.

Seguimos abrazadas un buen rato, pero me separé porque temía llenarle su camiseta con lagrimas y mocos.

-Lucy, me alegro de tenerte como amiga.

-Oh, no te me pongas sentimental. Si ahora entrara Colin, ¿qué? Venga, que tú eres una leona, y te puedes comer vivo a quien quieras, no me llores más, ¿quieres?

Sonreímos.

-Bueno, ¿y tú qué? También se te han escapado unas lagrimillas.

-¿Sabes? A veces te envidio. Estas tan enamorada de Henry que es como si estuvieras rodeada por un aura especial o algo así. Como si los dos vivierais en un mundo distinto que nadie puede alcanzar.

La miré. Lucy aparentaba ser dura, pero debajo de toda esa concha había un gatito pidiendo amor.

-No te preocupes, ya te llegará el momento de perder la cabeza por un tío.

-Ese es el problema, que no llega.

Me reí. Lucy suplicando por enamorarse. Quien lo hubiera dicho.

-Bueno, me voy a ir. – Me palmeó el hombro y se levantó de la cama. – Me largo de aquí antes de que Colin aparezca y agüe la fiesta. Mi madre ya se estará quejando de que llego tarde. – Abrió la puerta y se giró. – Haz los deberes. No pienses en nada, solo hazlos, ¿vale?

¿Lucy diciéndome lo que debía hacer? Esto era nuevo. Realmente necesitaba un chico al que amar ya. Aunque podría aguantar siendo responsable un poquito más.

Bueno, creo que ahora me ha kedado demasiado largo, pero como tengo que hacer trabajos, habra dias que no subire nada. Comentad!!